Qué hacer con las tareas pendientes


Definición de tarea pendiente: Esa actividad que tendrás que hacer, tarde o temprano, y que está esperando que le dediques el tiempo suficiente como para que salga adelante.

Normalmente las apuntamos en agendas, en horarios o en calendarios. Otras en listas, bien en papel o bien en el ordenador. Existen multitud de gestores de tareas tanto para el PC como para el móvil. Para la agenda no-electrónica, la de toda la vida, no te puedes descargar nada. Otros llevan siempre un cuaderno, o reservan unas cuantas páginas que van tachando o subrayando a medida que “salen adelante” con éxito. Sea cual sea la forma en la que se tienen presentes, escribir es una manera de ser diligente contra el olvido o la pereza.

Son tantas las tareas, de diversa índole y ámbito, que algunas veces llevamos entre manos que es difícil sacarlas todas adelante. Cuando nos enfrentamos a grandes listas surge sin querer el agobio, el stress y la saturación, la impotencia, el no saber por dónde empezar, la presión. Es común encontrar personas que hasta última hora las mantienen en stand-by, como si no existieran.

Una forma, de las muchas posibles, de enfrentarse a ellas es la siguiente:

  1. Esclarecer ámbitos de tu vida que son fijos. Esos se pueden poner perfectamente en el horario y programar tiempos, más o menos definidos, para abordar cuanto nos exigen. Por ejemplo, quien tenga que preparar una clase, quien sea responsable de un grupo, quien haga habitualmente las compras de su casa, quien limpie su habitación, quien… etc… Los ámbitos se clarifican por colores. Y es imprescindible para que no reine la confusión. Los tiempos fijos se pueden planificar y ordenar, aunque cueste trabajo al inicio.
  2. Poner cada cosa en su sitio, es decir, tener presente que hay al menos dos grados para cada tarea. Así puedo hacer las famosas listas A y las famosas listas B en cada ámbito. Las primeras son de gran ocupación y llevará más tiempo realizarlas. Las listas B están compuestas por aquellas que se pueden ventilar sin una programación de la tarea en sí. Para las listas A, no vale con escribir la tarea, también hay que tener presente todo lo que conllevan: reuniones, consultas, lecturas, entregas… Exigen un mini-proyecto y programación propia. Para no llevarse desilusiones, lo mejor sería incluir tiempos en el horario que garanticen que la tarea va adelante.
  3. Y por último, saber cuánto tiempo quisiera dedicar a cada una de ellas. Junto al nombre de la tarea, sería muy conveniente indicar en minutos o en horas (no en días, que es muy genérico) lo que vamos a entregar de nuestro trabajo o vida. Si las cuentas no salen entre la lista A y la lista B, hay que hacer un desprendimiento, aunque sea doloroso, de elementos de la lista B, que serán muy deseables, pero no se podrán llevar adelante.

Todos los días sacamos mucho trabajo, entre unas cosas y otras, y por lo tanto no podemos pensar, cuando nos enfrentamos a una lista de tareas, que no seremos capaces. Las listas y el orden están a nuestro servicio para ayudarnos a tomar conciencia, a planificar y a desarrollar. Como en todo lo humano, se van viendo ajustes y desajustes, previones que resultan acertadas y otras que se descuadran por razones ajenas a nosotros.

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2 pensamientos en “Qué hacer con las tareas pendientes

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