De talentos y hombres (3) “En seguida”


Continuación del anterior (2)

Después de la primera escena, la del reparto, todo prosigue con una velocidad máxima: “En seguida…”. Se me plantea a propósito de esta lectura, de golpe y porrazo, una cuestión esencial: la brevedad de la vida. Esa terrible sensación de que hay demasiado que hacer, demasiado que vivir, demasiado que experimentar, demasiado que explorar, demasiada gente a la que ayudar, demasiados amigos que visitar… para tan poco tiempo. Porque todo sucede a una velocidad exagerada. Y soy demasiado pequeño, demasiado frágil, demasiado breve igualmente.

Por tanto, hay que acelerar, darse prisa, correr… O como algunos piensan, aprender mejor a disfrutar lo que se tiene y, sobre todo, no perder el tiempo. Porque percibo que los mayores acelerones provienen, claramente y hay que ser sincero, de esas “pérdidas de tiempo” diarias que luego suponen demasiado. Se abren dos campos ante la brevedad: la celeridad y la diligencia. Y creo que el texto va más por el camino de la diligencia que el del ritmo frenético, más por el sendero de la inmediatez respecto a la llamada que por la pista de Fórmula 1.

Me parece que tiene sentido. Conscientes de la “brevedad de la existencia“, el que recibió cinco “se marchó”, y de la misma manera al que le fueron otorgados los dos. La primera vez que caí en la cuenta de esto, decía un abuelo que conocí en Guinea, se me había pasado más de la mitad de mi tiempo.

En el texto todo se concentra en una expresión, muy de Mateo, que es “en seguida” (euthews).

Aparece trece veces en este Evangelio, a diferencia de una única vez en Marcos y seis en Lucas. Tendríamos que depurarla un poco más, pero algunas son traídas de otras partes. En Juan, tres veces. 

En este sencillo adverbio griego se pueden leer muchas cosas. Sobre todo si tomamos como referencia aquellos textos en los que ya ha aparecido, de una u otra forma. Los contextos son diversos. Pero destaco dos, que creo que enlazan mejor con la parábola de los talentos. El primero es claramente vocacional, en torno a la llamada de Jesús a los primeros discípulos (Mt 4, 20.22). Por dos veces se repite, como queriendo mostrar que no es una simple palabra de enlace, sino un claro signo de actitudes de respuesta. Y, el segundo, salvífico. Emparejado a las curaciones y milagros de Jesús, dos en concreto: la curación de un leproso (Mt 8,3), que aparece “de pronto” ante Jesús y queda curado “inmediatamente” (euthews); cuando recoge “en seguida” al Pedro que duda-hundido en el mar (Mt 14,31).

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