Lo que no se ve, no existe


Al menos para muchos, es así. Y los nuevos canales de información, las nuevas tecnologías, las redes sociales, imprimen esta característica a nuestras sociedades con una fuerza cada día más creciente. La sociedad mediática imprime este sello rotundo en la vida de los personajes que figuran en su entorno. No hay nada más que lo que se ve, y tenemos que aprender a jugar esta difícil partida. Porque si no aparece entre las noticias de la televisión y los periódicos será algo marginal, de modo que daría igual que existieran 30 conflictos armados en nuestro mundo globalizado mientras no se cuenten. Porque si no quedas con un amigo con frecuencia, dejará de ser tu amigo. Porque si no ves, con tus propios ojos la bondad en el mundo, podrás caer en el pozo más profundo del mundo; y si no ves el mal, si tu mirada está cerrada a encontrar este misterio y dejarse interrogar por él, de igual manera podrás vivir en un terrible sueño donde todo parece perfecto. Porque si no se ve lo que eres, puedes decir lo que quieras que nadie te creerá, ni confiará en ti.

Y más allá de las críticas, que pueden ser de mayor o menor calado, más o menos preocupantes, tenemos que aceptar que de algún modo esto sea así en un plazo de tiempo más o menos breve. La generación mediática, uno de los paradigmas de esta generación Y donde los jóvenes no son los de siempre, ni las sociedades se rigen por los principios de siempre, están esperando que aparezca ante sus ojos aquello que decimos que existe, de modo que puedan comprobar por sí mismos lo que nuestros labios pronuncian. Es como si se hubiera enquistado la duda de Tomás de formar permanente en ellos, y sus ojos fueran barómetros de credibilidad. “Hasta que no lo vea, no lo creo.” De modo que tuvo que ser así, el Señor se le apareció; y su corazón se calmó al instante. Llevamos tiempo hablando de la importancia de los signos, de la significatividad, de la presencia en los medios de comunicación aprovechando los nuevos canales de masa que, aunque siguen estando dirigidos, no son tan unívocos. Llevamos un par de décadas refiriéndonos a la importancia de las experiencias educativas, de los experimentos, de la manipulación para construir conocimiento. Y tanto en un caso como en otro, la reflexión tiene que producir sus frutos para no ser estéril.

  1. Construir signos que cuestionen, que abran nuevos interrogantes.
  2. Hacer valer los principios personales, encarnarlos con valentía.
  3. Hablar de lo que no se habla, dejar los tabúes a un lado y dar paso a las palabras grandes.
  4. Crear redes más allá de las redes sociales, lazos de unión y vínculos fraternos.
  5. Respetar la estética, atender al principio de belleza de nuestro mundo, desterrando hacer las cosas de cualquier forma.
  6. Entrar por los sentidos que usa el mundo, haciendo inteligente el mensaje del Evangelio.

Sé que es difícil, pero es posible mostrar al Señor del mundo en mitad del mundo.

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