Dejarse cuidar


Si la tarea más importante de quienes tienen responsabilidad fuera cuidar de aquellos que tienen a su cargo o trabajando en su equipo, tendríamos que decir que, recíprocamente, lo fundamental de quien tiene un jefe, un señor, un pastor, un responsable, un director, un acompañante, un profesor, un catequista, un padre y una madre, un coordinador, sería dejarse cuidar, dejarse querer, permitir que otros le guíen, orienten, acompañen, señalen, indiquen… El primero tiene por delante un camino muy exigente: ganarse la confianza y el aprecio de los suyos. No hay mejor forma de hacer este viaje que a través de la coherencia y la credibilidad, pero tiene sus debilidades y fallos y errores, como toda persona. Y el segundo, sin embargo, no creas que tiene un sendero fácil, porque dejarse cuidar es sinónimo de poner la confianza fuera de sí, en escuchar algo distinto a lo que tiene en su corazón…

Quien se deja cuidar es afortunado porque ha encontrado alguien, entre todo el mundo y todas las personas que van de aquí para allá, que se preocupará por él, que le atenderá con el corazón abierto, que le escuchará y hablará con sinceridad, que estará cerca en sus dificultades y celebrará sus éxitos y conquistas. No se verá encerrado en sí mismo.

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