Somos más… y más


El título del tema de hoy refleja una actitud que es profundamente humana. Insaciables, insatisfechos permanentemente, en camino y en cambio, seres intermedios y “en construcción” por muchos pasos que demos en la vida, por muchas experiencias que acumulemos y por cuantas decisiones que tomemos. Siempre queda más.

Todo cuanto emprendemos y hacemos se impregna de ese “más” que somos. Incluso nos damos cuenta de que lo hecho podría haber sido más y mejor, o no corresponde ni siquiera con lo que queríamos y deseábamos. Queremos que sea así, y nos gusta que sea así. Porque el “más” que ponemos en todo es el verdadero sentido que tiene y que queremos vivir. Estudiar es siempre construir nuestro futuro y descubrir mundos que no conocemos; no sólo enfrentarse a un temario. La amistad es permanentemente una exigencia para ir “más allá” de lo cotidiano y rutinario, que no puede caer en la desidia ni la comodidad; no sólo un grupo de personas con las que comparto tiempo. Escribir es expresar lo que somos; no sólo juntar letras. Leer es abrirse a otros mundos; no sólo pasar páginas. Comer es compartir y relacionarse, por eso son tan importantes en nuestra cultura las cenas, las comidas de trabajo; no dejamos que caiga en una necesidad básica a cubrir. Y todo es siempre más y más. Sin embargo conviene distinguir bien, discernir y dividir: lo que me corresponde a mí y lo que está ahí antes que yo. Evitará confusiones toscas y frustraciones innecesarias.

Las “cosas” (todo ese mundo que nos rodea y que no son personas) se cargan de sentido, igual que se cargan las baterías, o pierden el que tenía. Esa carga de sentido pasa a estar unida de tal manera a la realidad que no podemos obviarla ni diferenciarla fácilmente. Sea visible o no, la sentimos. Y, de hecho, es lo que va a dar sentido a todo lo que gire a su alrededor. Es nuestra verdad sobre la vida, que no tiene por qué se individualista; en muchos casos será compartida y construida con otros, por todos.

Será el sentido el que nos abrirá a la verdad, y nos completará del todo en nuestra vida e investigaciones. ¿Podrías decir que alguien que describe con precisión el genocidio en Ruanda y Burundi, pero que no se duele ni se cuestiona, es alguien que ha llegado a saber lo que ha sucedido realmente? La realidad se completa en la medida en que el sentido es alcanzado. ¿Cuál es el sentido de lo ocurrido en Burundi? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Por qué me ha sucedido esto? ¿A dónde me conduce esto otro?

Esa capacidad de la realidad para asumir una dimensión personal y comunicarse, de alguna manera, la constituye en un símbolo para el hombre. De ahí que un trozo de tela con unos colores determinados tenga la capacidad de identificar un pueblo, o que una música concreta sea parte de la identidad de un grupo, o que algo que yo tengo en mi cuarto y que pasa desapercibido para el resto del mundo sea para mí algo fundamental en mi historia. Un símbolo recuerda, en la medida en que fue cargado de sentido en el pasado, y también impulsa a ir más allá, se abre al futuro. Pero no a todos de la misma manera.

En definitiva, hemos llenado de “sacramentos” nuestra existencia y seguiremos haciéndolo indefinidamente. La palabra sacramentum, de origen latino, significa misterio. Para ser capaces de conectar con estas realidades cargadas, se deben dar unas condiciones: (1) Aprender a mirar de otra manera, no sólo atendiendo al “sentido de mi vida” sino al proceso que otras personas han hecho. Al menos mantener una actitud de apertura. Por ejemplo, un día nefasto vas con tus amigos al cine, y a todos menos a ti la película les ha parecido genial; la razón es que no estabas “en lo mismo” que el resto, algo ocupaba tus inquietudes. (2) Acoger cuánto puede significar para nosotros, lo cual implicaría probablemente ordenar el resto de realidades. Al integrar algo, otras cosas deben variar. Igual que cuando entre el grupo de amigos alguien pasa a ser tu novia o novio, todo se ve modificado de alguna manera, sin que ello signifique que los demás dejen de ser amigos. Pero existen planos para las relaciones humanas. (3) El sentido crítico, que supone no aceptar sin más lo que otros dicen. Es decir, que lo que realmente da sentido es “vivir por uno mismo”, no simplemente repetir palabras o experiencia que otras personas han hecho.

.. y más

El “más” (plus) de la realidad no termina, siempre se engrandece, y puede ser modificado con el tiempo. Algo que parecía enormemente relevante durante la adolescencia, con una cierta madurez pasa a ser transformado en una inquietud de segundo plano. Pero fíjate en que lo que no varía es la necesidad de dotar de sentido a la realidad. No es suficiente con haberse sentido amado y querido por la familia, es necesario ser aceptado por los demás fuera de casa. Lo que ejerce tal presión que muchos “se visten” de lo que no son, y ven modificado su entorno, su actitud ante la vida, sus prioridades.

Entre las “cosas” que nos rodean destacamos hoy una muy importante, en la que reparamos poco normalmente. Nuestra propia historia. Está ahí, se puede ver, se puede sentir. Y ha sido cargada de significado y sentido por mí y por otros. En algunas ocasiones pesa más lo que yo viví de forma particular, en otros, lo que me dijeron. Pero sigue estando presente, y actúa.

  1. Símbolos de mi historia. El típico muñeco de la infancia que nos ayudó a dormir solos porque fue un regalo de nuestros padres, y por lo tanto era como si nuestros padres estuvieran con nosotros, todavía lo guardamos como “recuerdo” (y algo más) de nuestra infancia. Una foto, una carta, un libro… ¿Qué cosas han sido importantes para mí? Escoge una por cada etapa de tu vida.
  2. Personas de mi historia. Percátate de que todas las personas que te rodean han sido “dotadas” por ti de un “sentido” particular. Lo que han hecho por ti y contigo, cómo se han relacionado contigo, dónde las conociste y a qué dio pie todo aquello. Cada una está ligada a uno (o varios) momentos significativos de tu historia. Y todas las personas no tienen el mismo “rango” en tu vida. No es determinante de hecho, si te paras a pensarlo, el número de horas que has pasado con ellas, sino la calidad de lo sucedido entre ambos. Ni siquiera aquellos que te han aportado más o te han abierto más puertas tienen que ser necesariamente los que más sentido tienen en tu vida (actualmente). ¿Qué “carga” o “sentido” tienen para ti las personas que te rodean actualmente? De tu pasado, ¿quiénes todavía resuenan en tu interior cuando te detienes a pensar?
  3. Momentos y lugares. Jugando, un tarde de verano decidimos saltar la tapia del cementerio del pueblo. Éramos varios y nos armamos de coraje a plena luz del día. Y justo después de lograr superar el muro fuimos atacados por una “banda” de abejas por todos lados. Cada vez que volvemos por allí, aunque sea en bajito, nos reímos y recordamos las picaduras de unos y otros. Lo mismo ocurre con otros lugares o momentos de mi vida, donde despierta en mí algo nuevo. Por ejemplo, el retiro vivido en Cercedilla supone un antes y un después para mucha gente, y aunque no se conozca de antemano, sabe que aquel lugar es especial. O esa noche en la que siendo casi un niño me robaron porque iba solo y asustado. ¿Cuáles crees que han sido decisivos en tu historia por lo que te han aportado?

Todo lo anterior (momentos, personas, lugares, cosas) nos describen. “Soy” en la medida en que he vivido. Nadie puede ocultar, de una u otra forma, lo que le ha pasado en su propia historia. Y todas esas “cosas” seguirán llamando la atención

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2 pensamientos en “Somos más… y más

  1. hermoso! Recordar ahora personas, situaciones concretas, girarme en el escritorio y buscar con los ojos “esos” elementos atesorados que materialmente no tienen ningún valor pero que me significan tanto …
    Sonreí sin nostalgias de este lado, agradeciendo tanto.
    Lo que soy, lo que voy siendo, se va modelando en estos encuentros con los demás, en las cosas que vivo y viví, en el deseo de “más” frente a una sed que nunca se apaga…

    Gracias!

  2. Pingback: Post publicados en Octubre 2011 | Preguntarse y buscar

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