La centralidad del alumno en educación..


… es una idea que la pedagogía  moderna se intenta apropiar para transformar las metodologías educativas y las prácticas docentes. Lo cual supone que se mezclan distintos planos, y al final acaba sucediendo algo terrible: que el alumno, con su centralidad e importancia, termina creyendo que puede excluir de su lugar propio al maestro, al profesor, y a todo aquel que pretenda enseñarle algo. No me detendré a valorar si los antiguos profesores se sentían los amos de la clase, al modo como se presentan en las películas, o si se interesaban o no por sus alumnos. Considero de partida que desde el inicio de los tiempos, un buen maestros ha valorado a sus alumnos y discípulos casi tanto como a sí mismo, si no más. Y que muchos maestros a lo largo de la historia han querido con entrañable amor de padre, con cercanía y gratitud, y han aprendido mucho de sus propios alumnos.

Me parece que todo aquel que defienda en un despacho y escribiendo libros que el alumno es el centro de la educación y del proceso enseñanza-aprendizaje tiene que saber bien qué está diciendo, y comprender al mismo tiempo la diversidad de profesores a las que puede llegar algún día su opinión. Estoy cansado -lo digo claramente- de escuchar que el niño y el joven son el centro en la pedagogía moderna, y que los libros comiencen haciendo una crítica despiadada y destructiva a las formas de hacer anteriores. Y digo que estoy cansado porque me parece que se critica desde la desconsideración y desde la prepotencia.

Me parece que no se puede pensar esta centralidad de los siguientes modos:

  1. Colocando al profesor y al alumno en un mismo plano, de modo que la centralidad de uno pueda excluir al otro. Es decir, que si se trata por igual a uno y otro es necesario que se establezca una lucha de poder entre ambos para dominar y recibir el rol predominante. Sin embargo, sería mucho mejor defender la centralidad de ambos en el aprendizaje. Dado que uno sin el otro no pueden existir, y de hecho no existen. Cuando el maestro es excluido sistemáticamente en su importancia y significatividad, los procesos de conocimiento son más lentos, mucho más costosos y caros, y se renuncia a algo constitutivo de nuestro desarrollo social en todos los sentidos: la transmisión de la cultura, la socialización a través de normas y reglas, la diferencia que establece el conocimiento respecto a la ignorancia. Un maestro, un buen maestro, trabajará siempre para el alumno y a su servicio, y tendrá claro que él es el destinatario principal de todo su ser y hacer. Y esto no significa ponerse en un rincón de la clase, sino acercarse y entablar diálogo, explicar y evaluar, acompañar y exigir.
  2. Entiendo que el proceso del alumno tiene un ritmo tan personal y propio que no pueda acelerarse ni ser exigente. O lo que es lo mismo, acomodarse a la pereza, el sinsentido y la desvalorización de la escuela. Que es en parte, a mi entender, lo que está pasando. Que los alumnos llegan a las aulas sin ganas y desmotivados socialmente, incluso antes de conocer lo que van a hacer, y entonces comienza la exigencia al profesor de motivación. En lugar de ser al contrario, que socialmente realmente destaquemos lo indiscutiblemente fundamental para todos, incluido el individuo y su familia, de la educación que va a recibir. Tendría que ser el alumno el que llegase con ganas a la escuela. Y sin embargo, cuando no sucede esto sí que se pone en el punto de mira a todos los profesores porque no motivan adecuadamente a los alumnos, porque hacen lo de siempre -enseñar lo que saben, como saben- y las críticas se vuelven dardos contra los que el profesor se defiende como puede, sin ninguna protección de carácter social. Lo cual, vuelvo a decir, va en detrimento de todos. Porque su figura es muy relevante para la educación, y su motivación -la del profesor- sí que debería ser incondicional. Son los alumnos los que llegan al colegio, perdonad que insista, sin ganas de nada, sin la experiencia de la vida, y terminan creyendo que lo saben todo en el mejor de los casos, porque en otros ya entran creyendo que nadie tiene nada que enseñarles.
  3. Como justificación para bajar los niveles educativos. Y menos en los tiempos que corren, donde las exigencias deberían ser mayores. Y esto me duele porque es lo que compruebo que está sucediendo a pasos agigantados socialmente.  Bajar los niveles en todos los sentidos es fruto de reducir la exigencia. Un buen maestro es quien exige a sus alumnos lo que pueden dar, y exigir es conocer por lo tanto, saber dónde están, pero no querer conformarse por la situación en la que se encuentran. ¿Por qué pedir un libro si pueden leer dos? ¿Por qué no puedo mandar leer dos libros si pueden hacerlo? ¿Es que la centralidad del alumno en clase supone que tiene que leer lo que quiera, sin juicio ninguno y sin orientación, o dejar de leer para siempre?
  4. Deshumanización de la educación. Humanidad tiene mucho que ver con la dignidad de las personas. Un alumno es una persona. Un profesor es una persona. En plano de igualdad por eso mismo, en tanto que personas. Pero humanidad también es aprender a respetara quienes tienen una categoría distinta, y el profesor la tiene. De la misma manera que un padre no trata de tú a tú a sus hijos para educarles bien, tampoco el profesor puede colocarse ni en el aula, ni en los pasillos, ni en la sociedad en un plano de igualdad porque no deja de ser maestro, figura y referente. Si consideramos a lo griego que “ser profesor” no forma parte de la esencia de la persona que enseña, sino que es una derivación laboral, un trabajo a modo de chaqueta que se puede poner y quitar sin ningún tipo de integridad ética, de referencia global, estamos meando fuera del tiesto o confundiendo una profesión con una persona y su vocación. Lo humano, lo realmente humano, sería que tanto uno como otro estén abiertos a la pasión de la vida en todas sus dimensiones, y eso sí les lleve a un trato fraterno. Me parece que leer el primer artículo de la declaración universal de los derechos humanos, y trasportarlo a la escuela hoy, no nos vendría nada mal. Lo que salvará todo será el trato fraterno, pero hay hermanos mayores y hermanos pequeños.
La pasión por los alumnos y la enseñanza conduce al cariño y a la cercanía. También a la seriedad de las palabras, a la autoridad bien entendida, y al orden, que es un valor que salva y previene de muchas cosas. ¿Está esto reñido con la innovación y la adaptación a las nuevas pedagogías? Creo que no. Pero cuando ambas se opongan y se excluyan seguiré optando, en cualquier caso, por los maestros. Si no todos, sí muchos de nosotros, hemos tenido ese maestro en cuyas clases hemos aprendido más que en quinientos libros.
Si alguno entiende que quiero generar debate, está en lo cierto.
Anuncios

Un pensamiento en “La centralidad del alumno en educación..

  1. Pingback: Post publicados en Octubre 2011 | Preguntarse y buscar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s