Ruidos ordinarios


He descargado en mi iPhone una aplicación que se llama Decibel Ultra, que es gratuita, y permite medir el ambiente en el que nos movemos. Las aclaraciones que me ha hecho esta sencilla utilidad, probablemente sin mucha utilidad salvo la que nace de la curiosidad, han sido increíbles. Un ruido ya no es lo mismo que hace unos años. Estoy totalmente convencido de que hemos cedido tanto espacio en esta batalla que estamos rodeados de ellos.

La palabra “ruido” comporta negatividad habitualmente. Es ruido aquello que no se ha hecho con cuidado, que nos molesta e incomoda, que interfiere en las relaciones, que no permite la escucha, que no deja descansar ni dormir la siesta. Es desagradable, no es bello, es tremendamente poderoso y no nos deja en paz. Aislarse ante un ruido es difícil. Y sin embargo, convivimos con ellos tanto que finalmente se hacen parte de nuestro día a día, los hemos incorporado a nuestro vivir y nos parecen incluso normales y habituales. No nos damos cuenta de la cantidad de ruidos que permanecen en el ambiente hasta que no salimos de él, evitamos la cotidianeidad de las ciudades y sus guerras internas, y salimos en busca de otro clima propicio para algo absolutamente diferente.

Los ruidos más comunes podríamos decir que son:

  1. Los que generamos por vivir en una ciudad, y que se justificamos de facto por creer que no podemos hacer nada contra ellos. Sólo presentamos batalla cuando son abusivos y sin sentido. Pero esto no es lo ordinario. Ruidos del tráfico, ruidos de locales por los que paseamos cuando vamos andando, de los coches al pasar cerca.
  2. Los que genera la convivencia. Imagino que todos, al estar viviendo unos con otros, también nos damos cuenta de que necesitamos levantar más la voz de lo normal, respirar bocanadas de aire fresco y continuar la conversación. En determinados lugares, como puedan ser los mercados, llega a ser insoportable para quien no esté habituado. Levantar la voz igualmente en el trabajo, dependiendo sobre todo de los puestos. Y todo va sumando.
  3. Los que genera cada uno y que comparte con el que está cerca. Para escuchar música en el tren no es necesario que lleves tu iPod puesto porque lo tiene el que se sienta contigo, y esto es suficiente. En algún que otro vagón las melodías son de lo más diverso. Y aún así, muchos pueden conciliar el sueño de lo acostumbrados que estamos.
  4. Nuestra fiesta comporta ruido. No sólo en discotecas y bares. Junta unos cuantos amigos en tu casa, a altas horas de la noche, y siéntate con paciencia a esperar a tus vecinos.
Y todo ruido externo incide de forma directa y práctica en la vida de cada uno. Generando a su vez más tensión interior, más tensión personal, y ayudando a que el caos informe en el que intentamos poner un orden e imponer un proyecto de vida, continúe presente.
  1. Sin un mínimo de silencio diario, es imposible vivir. No sólo dormir, sino vivir. El silencio es imprescindible a toda persona. En su estudio, en su trabajo, en sus relaciones domésticas, en el tiempo con los amigos. Los silencios son maravillosos, siempre y cuando no lo inunden todo ni escondan otras problemáticas. El silencio es el tiempo de la paciencia necesario para recoger la casa, y los sentimientos, pensar bien las ideas, saber qué voy a decir, cómo y por qué.
  2. El ruido debería ser considerado enemigo. Y por lo tanto molesto, y en esa medida procurar huir de él. En una casa y una relación en la que exista, más allá de lo que se genera a partir de las puertas y las ventanas, olvidemos otras posibilidades mayores. Lo primero es acallarlo del mejor modo posible.
  3. El ruido interior impide algo tan clave como la escucha de uno mismo, la relación más personal posible, y fundamento del resto de las relaciones. El ruido provoca interferencias, y en el mismo grado, confusión respecto a uno mismo, a lo que los demás dicen, a lo que los demás podrían decir o quieren decir. El ruido interior motiva la lucha en frentes que estaban tranquilos creando fantasmas inexistentes pero muy poderosos. Este ruido divide tanto a la persona, construyendo un muro dentro de ella, que llegará el tiempo del olvido de lo más íntimo de uno mismo.
  4. El ruido llama al ruido, y por lo tanto irá creciendo progresivamente con el paso del tiempo.
Por favor, mide tus ruidos personales, los ruidos de tu ambiente, y busca espacios donde sea posible escucharte a ti mismo, escuchar a los demás con tranquilidad y paz, y al Dios que tiene tanto que decir en tu vida. Simplifica ruidos, simplifica músicas, simplifica compañías absurdas, simplifica tareas en tu vida, simplifica paseos, simplifica actividad… y reposa tu existencia sobre ti mismo y sobre la Roca firme.
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Un pensamiento en “Ruidos ordinarios

  1. Padre . nunca mejor leídas estas lineas, sobre todo la parte de saber moderarse con los ruidos que emitimos, justamente ayer tuve un cruce de palabras con una persona que de casualidad esta en la misma casa que yo habito, lamentablemente por decirle que no meta ruido (golpeando las puertas, gritando fuerte), se vino contra mía profiriendo muchos improperios, que acabaron en llanto de mi parte, lo malo es que a veces no podemos decir este tipo de cosas a esas personas que no conocemos, porque no sabemos que respuestas vamos a tener de ellas y como cristiana no sé hasta que punto es mejor callarse y entregar la otra mejilla.

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