¿Por qué te arrodillas para rezar? (desde los pequeños)


Como todos los domingos, toda la familia ha ido a celebrar la Eucaristía al lugar habitual. En esto no hay sorpresa. El niño sabe igual de bien que el lunes hay colegio como que el domingo irán a misa, rezarán y tomarán algo después con los amigos de sus padres. Es una costumbre, un hábito. Ofrece seguridad. Además -igual que hago yo, que soy cura- en misa los pequeños no paran de mirar al cura y, cuando pueden, se acercan para darle la paz y un abrazo.

Algo sorprende al pequeño. Su padre se ha arrodillado después de comulgar. No todos lo hacen, sólo unos pocos. El hijo lo ha visto en otros momentos, pero no a su padre. Y al llegar a casa, impactado, a su manera, por lo que ha visto, le pregunta.

“Porque Dios es muy grande y me quiere mucho. Igual que tú me quieres, y también como yo te quiero.” Pero ahora le pregunta el padre¿No te has dado cuenta de que todas las noches, después de arroparte en la cama, también me arrodillo para hablar contigo? Cada momento de esos en los que te miro “a tu altura” me doy cuenta de cómo vas creciendo. Con Dios me pasa lo mismo. Me arrodillo para ponerme a su altura, y Él me cuenta lo grande que soy.

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