Asertividad y Dios


La asertividad ha estado más de moda de lo que está en estos momentos. Las palabras cambian y se dan giros importantes a la comprensión de las relaciones personales e interpersonales. Aún así, no ha dejado de ocupar un lugar valioso entre los libros de desarrollo personal y de técnicas para mejorar los grupos. Cierto es que existe realmente un número de personas importante que está necesitado en este ámbito y que cualquier cosa que hagamos para capacitar y dotar de herramientas que le ayuden siempre será un trabajo humanizador a destacar.

Sin embargo, me parece luminoso plantearme esta cuestión en relación también con Dios. Creo que quienes somos creyentes y testigos de la fe hemos sido bendecidos y somos afortunados en muchas cuestiones. También para saber qué es lo que más nos conviene, en ese discernimiento pausado, dialogado y comunitario que busca la voluntad de Dios, como la voluntad del Padre que tanto nos ama. Me parece que la búsqueda de lo bueno y lo mejor son caminos distintos, y nuestro mundo conformista y autónomo los ha enfrentado demasiadas veces, conformándose con unos mínimos que rebajan incluso la calidad y profundidad del corazón del hombre.

En este sentido, después de leer los derechos de la asertividad, y de iluminarlos en la relación con Dios, diría que:

  1. Si todos tenemos claro que ser asertivo en la vida no es lo más importante, felicidades. Si hacemos de esto una piedra angular de la propia vida, lo único que cabría destacar y que se pone de relieve son problemas más profundos en la persona. Dicho de otro modo, la asertividad pertenece a la superficialidad del ser humano, a sus formas. Y donde hay que llegar, de una vez por todas, es al verdadero interior. Pueden ser útiles estrategias para maquillar otras honduras, pero nada más que para maquillar. La apariencia no puede ser máscara de la realidad; estallará por otros sitios.
  2. Me parece que son profundamente egoístas. Al menos en la perspectiva en la que las he leído. El centro es la persona, sin capacidad para descentrarse. Y todo se expresa de manera grotesca, a través de relaciones en las que tengo derechos sobre otras personas incluso. Tienen que escucharme (¿incluso cuando no tengo nada correcto que decir?), tienen que respetar que diga que no (¿sin posibilidad a corregirme, a mostrarme otros caminos, a exigirme amar?), tienen que tolerar que sea yo quien decida (¿independientemente de si es bueno o malo?)… Sé que lo planteo de forma regular, haciendo incluso caricatura y que la realidad que se plantea es más compleja. Pero precisamente por eso, en el afán de personalidad y desarrollar personas, creo que también el otro polo -ausente en muchos casos- es fundamental.
  3. Si Dios es asertivo o no, sería para estudiar. Lo cierto es que muchos no respetan sus “derechos a la asertividad que ellos mismos demandan para sí”. Y esto daría que pensar a los que demandan tanto ser escuchados en lugar de escuchar, tanto ser dignificados en lugar de dignificar. Y lo que sí tengo claro es que Dios crea personas libres para libertad, y no para atarse. Y que Dios llama a salir hacia esa dignidad, y más que dignidad incluso, que sólo es posible a través del mandamiento del amor.
  4. Algo más importante que las opiniones son las personas y la verdad. Toda persona tiene derecho a expresarse libremente. No es una garantía de constitucionalidad, sino de humanidad. Sin embargo, no todas las cosas tienen que ser escuchadas, y mucho menos respetadas. Alguien que se levante hoy a favor del exterminio de los pueblos indígenas, o del pueblo más desarrollado del mundo, o proponga abiertamente destruir el planeta, o que defienda las bondades de las drogas y de la trata de blancas, es considerado por la sociedad como un chalado. Porque avanzar y desarrollarse no es respetar todo, ni tolerar todo, sino avanzar en lo humano y en la verdad. Todos diríamos que mentir en un juicio debería estar castigado, y sin embargo nos echamos las manos a la cabeza cuando descubrimos que no es así, que se puede mentir tranquilamente sin que nada pase. La verdad se da la mano con la humanidad, por encima incluso de la libre manifestación de mis opiniones. Y también es cierto que el diálogo social se construye a través de las opiniones de todos, y que todos deben ser escuchados; sin embargo, el objetivo no es quedarse ahí, en un largo debate común y cruce de opiniones, sino en la búsqueda de la verdad. Se escucha a todos porque es el camino más humano para encontrarla. Y este objetivo, puesto en el horizonte, hace que se calle el que no tiene nada que decir, sin que nada grave pase por eso. Porque, humildemente, no todos sabemos todo de todo, ni tenemos por qué estar informados de ello. Dar la opinión por dar la opinión no puede ser un objetivo que plenifique en ningún sentido.
  5. El individualismo y la independencia del hermano nunca será el camino. Es mejor sufrir con otro que dejarle en el camino abandonado, enfadarse incluso con el amigo que romper la amistad, y discutir en familia antes que guardar silencio. La compañía y la comunión son fundamentales en la humanidad, y se tienen que expresar por múltiples caminos. Verse reflejado en el rostro del otro es necesario para mi propia humanidad. La asertividad es una capacidad individual en el tiempo en el que vemos el peor rostro del individualismo; quizá nos convendría más trabajarnos en el sentido del diálogo y de las decisiones comunes, de la valoración de lo que nos une en lugar de remarcar las diferencias entre las palabras de uno y las palabras de otro. Sin duda alguna, por esta vía, también se potencian los objetivos que la asertividad formula, aunque el plano es completamente diferente. Debería, al ser tanta la transformación que el diálogo y la comprensión mutua ejerce en las personas, llamarse incluso de otra manera.
  6. Me parece clave también la importancia que la asertividad da a la no-manipulación, a no dejarse engañar ni embaucar tan fácilmente como vemos en nuestro entorno. Dos o tres pasos de distancia para mirar de lejos el mundo en el que vivimos, y comenzamos a vislumbrar la potencia armamentística de los medios de comunicación, la ideologización que se hace de colectivos sociales según intereses poco humanos, la falta de respeto y dignidad que trae consigo nuestra sociedad del bienestar y el desarrollo de nuestros países. Dicho de forma ácida, en palabras conocidas por todos, el borreguismo actual ya huele. Sin embargo, también anoto la otra dimensión en la que estamos educativamente y socialmente haciendo aguas: descubrir la confianza como el núcleo de toda relación (como lo es en la fe) y por lo tanto la construcción de personas que sean socialmente creíbles, que se puedan escuchar sin doblez de corazón. Se ha preparado mediáticamente una generación entera que tan pronto desconfía de sus padres porque son carcas, como que protesta de forma generalizada contra todas las decisiones que se toman… y al mismo tiempo quiere seguir viviendo igual, sin cambiar nada realmente en su propia vida. La confianza en las relaciones es básica, y empieza por confiar en la propia credibilidad.
Este artículo seguirá… por ahora lo dejo así. Mostrando la insuficiencia de la asertividad, al menos en la profundidad.

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