Regresando


Regresando, ese verbo gerundio que implica movimiento y que retoma un lugar que se dejó por un tiempo. Volver a la normalidad, abandonando y dejando atrás el verano visto de reojo. Para unos, un castigo y una condena, y por lo tanto indeseable. Para otros, puede que justo lo contrario. y más en tiempo de desconcierto y crisis global y globalizada.

Me planteo por qué aparece tanto en los medios de comunicación, y qué intereses hay detrás de todo ello. Las noticias que se repiten, desde el mismo prisma con tanta frecuencia y tan puntuales, ayudan a crear el imaginario social y, finalmente, condicionan también las actitudes y esperanzas de la gente. Suelen ser, dicho sea de paso, tan negativas que comienzo a aborrecerlas. Siempre de la misma manera, vacías de novedad y carentes de contenido de tanto usarlo en el mismo sentido. Se parecen a los anuncios de las colecciones que hacen su agosto en septiembre, con el inicio del nuevo curso, y en enero, con el inicio del nuevo año.

Regresar y comenzar un nuevo curso, tanto si estás en el colegio, como si estás en la universidad, como si ya se trabaja, y en cualquier circunstancia es algo maravilloso. Está lleno de ilusión, de esperanza, de horizonte, de novedad, de proyectos, y por lo tanto, de esa actitud tan humana que nos vuelca a un futuro mejor en lo que está de nuestra parte.  Con el nuevo curso se retoman también todas aquellas cosas que nos hicieron feliz, y que constituyen nuestra vida más cotidiana. Sobre esto, cabría preguntarse muchas cosas, por ejemplo:

  1. ¿Me hace feliz mi vida? Hay once meses largos que suponen la mayor parte del tiempo frente a las vacaciones. Si en los once meses soy feliz, si he encontrado mi vocación y lugar en el mundo, volver a ella no debería ser tan aplastante y generar tanta nostalgia. La mayor parte de la vida no son vacaciones, y no se puede vivir en ellas la mayor parte de las cosas. A quien no le haga feliz -sin las vulgaridades de esta palabra, y superando superficialidades- cabría decirle que no vuelva. Quien no vuelve feliz y contento va a conseguir que otros también se nutran de su infelicidad. Y habría que empezar por quitar el micrófono a los periodistas que insisten en quitarle sentido a nuestra vida haciéndonos ver con tanto dolor y tristeza, con tanto gasto y esfuerzo, que volvemos a la vida que nunca perdimos definitivamente de vista.
  2. ¿Qué papel ocupa el trabajo en todo lo que soy? Hablar de trabajo es delicado. En parte por los 5 millones de parados que tanto hacen sufrir a este país, y por todo el sufrimiento que ellos viven. Y en parte también porque hemos vivido -y esto es también motivo de análisis- pensando que el trabajo sólo se relaciona con el dinero, y que se trabaja para ganar. Es lo que hemos generado con tantos años de educación pensando en ser los mejores, y con el ritmo de vida y necesidades que se han ido creado. Cuando “trabajo” significa algo más que dinero, pasa al terreno de lo más humano de mí mismo, me descubre quién soy y cuál es su lugar en medio de otras apuestas e intereses personales, como pueda ser la familia, el grupo al que pertenezco. Y genera mucho menos desgaste del que vemos.
  3. ¿Cómo reviso mi vida? Ahora que regreso tengo la oportunidad de pensar y planificar mejor, aprendiendo del pasado, conservando lo mejor e intentando superarme. Quizá en nuestro ritmo “apurador de tiempos”, en el que dejamos algo para pasar inmediatamente a otra cosa, no nos ha permitido planificar adecuadamente el curso que comienza. Sería bueno darle al menos una hora a esta pregunta: ¿cómo mejorar? O, más aún, en qué me puedo convertir, cambiar yo, en lugar de cambiar lo que me rodea. Es tiempo para ordenar, e incluso comenzar de nuevo, y no pocas veces es puerta para descubrirme a mí mismo, para pedir ayuda de otros, para participar en algún grupo en el seguir creciendo.
  4. ¿Con quiénes me encuentro al regreso? Disfrutar de esos encuentros, que muchas veces no superan la pregunta sobre el verano y no dan oportunidad a la escucha. Disfrutar con ellos supone también el compromiso por generar nuevos lazos, incrementar los existentes. Rodearse de personas, sin duda lo más importante del mundo a pesar de los pesares, es una gran oportunidad de nuestro “regreso”. Regresar es también reconocer que lo que vivo está habitado, profunda e intensamente, por otras personas con las que comparto gozos y sobrellevo sufrimientos.
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2 pensamientos en “Regresando

  1. Yo soy de los que se ilusionan en cada comienzo de curso y lo usan para retomar aquello que estaba adormecido y meterme en nuevas aventuras… ¡Fuerza y valor!

  2. Me quedo con la pregunta 2 (las demás prefiero, elijo, no planteármelas). Y de esta pregunta nº 2 lo que de verdad me satisface es saber que para mí el trabajo es algo que complementa mi yo más profundo cada día.

    Genial reflexión, mil gracietas.

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