¿Entre lo bueno y lo mejor?


Elegir entre lo bueno y lo malo no tiene gracia. De no ser porque muchas veces no somos realmente capaces a decidir correctamente, porque tenemos nublado “algo” en el interior, o porque una cierta debilidad de espíritu, alma o cuerpo nos empuja por donde ni siquiera quisiéramos ir. La gracia está en darse cuenta de que la mayoría de decisiones de la vida están, si la persona vive en sus sanos juicios y márgenes, entre lo bueno y lo mejor.

Lo bueno es más que lo aceptable socialmente, es lo que tendría valor por sí mismo. Alguno diría que sería algo bueno para mí, para otro en mi circunstancia y para cualquiera que pudiese alcanzarlo. Lo que es común a muchos, y que muchos hacen, probablemente no vaya más allá de lo regular. Lo bueno sería algo más también que lo que estoy acostumbrado a hacer, más que el hábito del que revisto mi vida apoyándola en seguridades por aquí y por allí. Mucho más de lo que me han acostumbrado a hacer, claro está. Lo digo porque hablo de elección, y en todo hábito hay algo que no elijo totalmente, que me viene dado y que me acompaña como primera respuesta instantánea sin pensar demasiado. Elegir es pensar, exponerse a algo nuevo.

Quería escribir sobre la oportunidad que nos ofrece la vida para elegir lo mejor, de ir más allá sin rompernos a nosotros mismos y sin quebrar la sociedad que nos rodea. He pasado la tarde confeccionando una lista de sesenta personas que, cada uno en su mundo y con sus particularidades, han dado “lo mejor” al mundo, guardándose para ellos más bien poco, casi nada o nada. Esa oportunidad de elegir lo mejor es lo que hace que nuestra libertad sea verdaderamente tan grande como muchos poetas han escrito, y nos deja el regusto sublime de alcanzar una meta con nuestra existencia fuera de lo común, fuera de lo normal, apropiada a nuestra condición de personas. Nuestra sublime humanidad, y la humanidad más sublime, está enfrentada a lo mejor. Es una gran llamada que nos despierta, y de la que hablamos.

Por ejemplo:

  1. Podemos salir de la crisis, y la crisis pasará. Bien porque se instale entre nosotros una forma depresiva de existencia, donde todo el mundo quede plegado a la fatalidad de los tiempos. O bien porque alcancemos un nivel de desarrollo que nos permita avanzar. Pero en este momento de nuestra historia, con todas las relaciones mundiales, económicas y sociales que han quedado al descubierto, ¿cuál es la mejor salida para la crisis? ¡Esa cuestión que verdaderamente nos interesa!
  2. Toca empezar la universidad y adaptarse a una carrera, que determinará decisivamente el resto de la vida de los alumnos, y nos planteamos cuál es la mejor opción para cada uno. No vale decir por aquí puede, por aquí también, o se le han cerrado estas puertas y quedan abiertas estas otras. Está en juego la vida, y nos percatamos al momento de que sólo lo mejor sería lo realmente válido (incluso lo realmente bueno).
  3. Las relaciones con los demás pueden ser buenas, pero las mejores nos llevan lejos, y las deseamos y buscamos con pasión. Si todo va bien nos felicitamos, porque no es fácil. Y sin embargo, en lo mejor encontramos apoyo y refugio, demandamos esas personas que no sólo nos escuchen sino que nos comprendan y acojan tal y como somos. Lo mejor va de la mano de lo más humano, está escrito en el corazón del hombre en cualquier realidad que se plantee. Me da en la nariz que, de lo bueno se puede hablar de muchas maneras, pero lo mejor nunca llega para mí solo. Lo mejor tiene que ver con los demás, implica a otros.
  4. No es un más, sin más. Lo mejor no es podría haber hecho más, dedicado más tiempo, puesto más esfuerzo. Lo mejor es una cuestión también de calidad. Habla de quién soy, de quién puedo ser en definitiva.
Y así sucesivamente.
Lo mejor es la medida de lo humano. Y sólo quien se plantea su vida en relación a todo cuanto puede hacer descubre de qué pasta está hecho. También pienso ahora que “lo mejor” está escrito en el corazón del hombre al modo como Agustín lo comprendía: si está hecho para Dios, el hombre no descansará hasta que no esté en Él. Dios se adelanta, como de costumbre, y de alguna manera Él está ya en nosotros presente, en nuestro interior y también en nuestro mundo. Ojalá este camino que Él abre, desde su gracia y su revelación, se muestre para muchos como camino por el que transitar desde la libertad, la confianza y la valentía.
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