¿Qué te has llevado?


Las famosas mochilas de la JMJ comenzaron siendo iguales. Los prudentes, al saber que otro millón de personas podría confundirse, puso su nombre. Ya es la primera huella, queriendo hacer suyo todo aquello que en ella había. Unos cuantos libros o libretos, guías y mapas para orientarse, una gorra y una camiseta, y el tan necesario abanico. Todo ello, de partida. Después de tantos días… ¿qué quedó de todo aquello? Yo ya he hecho mi limpieza para sacar algunas cosas, y también para introducir nuevos recuerdos, las experiencias vividas, y convertir ese signo que nos unía en algo más que una mochila más entre otras.

En toda mochila hay añadidos. Te invito a descubrir los tuyos y a escribirlos:

  1. Rostros nuevos. Personas que no caben en ningún sitio. Sólo en el corazón. Conversaciones de todo tipo y de gran altura muchas de ellas. Que no dejan indiferente, y que sorprenden por su frescura y confianza, por la apertura y la libertad con la que se plantean los interrogantes, las motivaciones, las preocupaciones, las esperanzas.
  2. Junto a los libros, ahora podríamos escribir nuestro propio cuaderno de notas. Más de uno así lo hizo, y llevó una libreta pequeña donde iba escribiendo palabras importantes. También sueños. Algo nuevo estaba surgiendo que no estaba escrito hasta entonces. Y no pocos escribieron también por primera vez a qué les llamaba el Señor, a qué se sentían empujados, qué buscaban. O sus heridas, sus riquezas, y aquello que desearían abandonar o abrazar. Más que conocerse a sí mismos, que es lo que pudiera parecer, se descubrieron llenos del Señor, inundados por el Espíritu, y esto no deja igual a nadie. Surgirá el mundo nuevo, comenzando por uno mismo.
  3. Recuerdos e intercambios, propios de la Jornada. Sencillos y simples, queriendo atrapar todo lo que se vivía. Insuficientes a todas luces, pero marcando la senda del no retorno, del no olvido, del esto no puede caer en vacío. Con cada gesto de generosidad en el que alguien daba, seguramente siempre recibía. Una mecánica nueva propia de una sociedad que no mira tanto el valor de las cosas sino de las personas. Y esto, a día de hoy, es más que necesario. El germen quizá de la comprensión del mundo desde los ojos del Padre, para quien todos somos hijos queridos y amados, y que desea además que todos sus hijos se quieran y amen.
Y muchas otras cosas… ¿Qué te has llevado tú?
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