¿Dios ha tocado alguna vez tu corazón?


Un segundo y medio de silencio para responder a esta pregunta. Y algunas pistas para ayudarte.

  1. Es algo intenso y personal. Muchas veces muy íntimo aunque estés rodeado de mucha gente. Nos sentimos conocidos y amados aunque no seamos capaces de entender cómo alguien puede hacerlo. Lo deseamos, queremos que nos acepten tal como somos, y en ese momento nos sentimos reconfortados especialmente.
  2. Siempre supone una llamada, que nos saca de nosotros mismos y nos invita a caminar por donde no habíamos imaginado. Nos hace soñar con atrevimiento singular, como pocas veces antes, y creer que somos capaces si permanecemos unidos a lo que estamos viviendo.
  3. Surgen también nuestros propios miedos y nuestros interrogantes. Sobre todo hasta el momento en el que somos capaces de decírselo a alguien que sabemos que nos puede ayudar verdaderamente y en quien confiamos porque ha vivido algo similar. Llegará el momento de despejarlos desde la valentía, y será nuestra libertad responsable la que los supere, sin estar seguros del todo.
  4. Nunca estaremos solos. Es su promesa. Y nos vemos rodeados igualmente de otros que han querido lo mismo, que están viviendo lo mismo, aunque calladamente. Cuando uno habla y cuenta lo que le pasa, caemos en la cuenta de que, lejos de ser “raros” al estilo del mundo, Dios nos ha tratado como únicos y nos ha regalado al mismo tiempo hermanos.
  5. No podremos olvidar lo que ha sucedido dentro de nosotros, aunque tampoco seremos capaces de explicarlo absolutamente. Muchos ni siquiera entenderán, aunque nos vean diferentes y especialmente felices. Nuestra cara muestra algo que nuestras palabras ocultan porque no abarcan.
  6. Muchas cosas servirán para recordarlo, incluso “cosas y personas” que nos acompañaban desde siempre ahora tendrán un matiz nuevo que no pretenden siquiera. Provocarán en nosotros estar despiertos al signo que se nos ha clavado dentro, y nos harán comprender que Dios nos ha tocado de forma especial para “algo más” que antes.
  7. Desearíamos revivirlo exactamente igual una y otra vez, sin apartarnos de aquella sensación. Y no será posible. Porque Dios pasa, toca el corazón, y se va. No nos deja huérfanos. Ahora reconocemos con fuerza que está dentro de nosotros y que nada nos podrá apartar de Él.
  8. Deseamos cosas diferentes a partir de entonces. Lo de antes no satisface de igual manera. Una especie de “vacío” somos capaces de reconocer en su huella. Es algo más que un ideal, que un sueño. Comenzamos a creer en una Persona que nos ama y nos conoce. Y con esa fuerza también entablamos un diálogo diferente desde ese momento. La oración que “reza” sin más pasa a ser pobre, y el diálogo es lo principal. Ahora escuchamos y nos tocan de nuevo otras palabras continuamente.
  9. El amor es lo principal y deseamos amar con todas nuestras fuerzas. Es más, deseamos dejar de hacer lo de siempre para querer “casi” ser perfectos en esto. Amar, amar y amar. De cualquier manera, en cualquier caso, ante cualquier persona. Vemos que no somos capaces siempre, pero nos duele. Y sin embargo, seguimos apostando por esas experiencias que nos permiten hacernos presentes en la vida de otros y en sus corazones. Reivindicamos, casi sin saberlo, que el amor es lo único que importa, lo único necesario, porque Dios es amor. Ya no valen amores mediocres que dejan vacíos inmensos.
  10. Un cierto olvido de nosotros mismos. Algo más grande que mi propia vida, que mis propias preocupaciones, intereses y egoísmos. Buscamos ser felices con muchas ganas, con mucho entusiasmo. Sabemos que ese es el camino que tenemos que recorrer incluso para querer a otros.
Ciertamente Dios ha tocado de diversas maneras el corazón de muchos. Siempre son los mismos signos, se provocan frutos semejantes en unos y en otros, y a todos les corresponde una verdadera libertad. Ante este acontecimiento toca interpretar. Algunas veces, los jóvenes y los mayores se quedan sin saber qué es lo que les ocurre porque nadie tiene la valentía suficiente de decirles que ha sido Dios el que les ha visitado. Otras veces son las palabras que llevan dentro las que ahogan la Palabra que pugna por nacer en su interior. Ojalá todos puedan sentirse libres para compartir con alguien, que les ayude, lo que han vivido. Y en el paso de Dios por sus vidas no se ahoguen esperanzas y, con ellas, el futuro de la humanidad plena, del hombre nuevo.
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6 pensamientos en “¿Dios ha tocado alguna vez tu corazón?

  1. Sí, una vez me ha tocado, hace años, pero no queda mucho de eso. Uno recuerda con nostalgia aquel tiempo en que vivía sin ansiedades, con entusiasmo, encontrándole a la vuelta de cada esquina. Sigo practicando, y acudiendo a los sacramentos, pero más que Fe, lo que tengo sería más correcto llamarlo una “seguridad intelectual” de que Dios está ahí, pero completamente callado. Como el salmista que decía, “el Señor me ha escondido su rostro”. En fin, será aquello de la noche oscura, que decían los místicos… ¿Alguien sabe cuánto dura ésto?

    • No sé bien quién eres. Aunque por tu comentario deduzco que ya tienes tu experiencia, recorrido y lecturas. Quizá sea la “noche”, que viene antes que la “noche oscura”. ¿Cuánto tiempo? Básicamente, el que Dios quiera; porque se trata precisamente de descubrir, en el amor, la confianza y la fe, que todo está en su mano. Unos tienen que esperar más que otros. Aunque una vez pasada es cuando se reconoce realmente su calado e importancia. Ánimo amigo, y lee a Juan de la Cruz de nuevo. Te ayudará una vez más.

  2. Definitivamente Dios ha tocado mi corazón, no una, sino muchas veces, su presencia en mi vida es real y diaria. Desde niña mis padres me inculcaron la necesidad de tener una relación íntima con Dios, la necesidad de conocerlo, amarlo y desearlo, sin Él mi vida no tendría sentido. Gracias por llevarnos a reflexionar sobre el tema.

  3. Si. a mi su peque~a criatura. Todo un Dios hacedor del universo y a quien los angeles tributan y rodean en su corte celestial, lleno de gloria y magestad a mi, me ha mirado con ternura y se ha dado en alimento,
    como no responder con amor a tan grande Amor. como no sentirse tocada por su mirada y su misericordia. Dios, todo Dios, me ama y espera de mi que le responda libre y voluntariamente, el no obliga pero todo lo da por que le place y a gratuidad. Te Amo Se~or y te agradezco que hayas querido contar conmigo en la construccion de tu obra de Amor para el
    mundo. Gracias mi se~or y hacedor.

  4. Si, sin duda que lo ha hecho…¡¡y Gracias!!, porque así puedo, de alguna manera, transmitir ese tacto, ese abrazo.

    Y también ¡¡menos mal!!, si…¡¡menos mal!!, de otra manera sería incapaz de digerir algunas cosas.

  5. Tengo claro que lo ha tocado. Si no fuera por El y por las personas que ha puesto a mi alrededor no podría sentir en estos momentos la Paz que siento y no tener la esperanza perdida,

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