¿Con qué te asombras?


El asombro es una capacidad algo más que intelectual, y sin embargo despierta la inteligencia para cuestionarse sobre el mundo y preguntarse por quiénes somos. El asombro es un impacto, una maravilla que nace dentro de nosotros mismos al surgir algo nuevo y diferente. Supera en eso también a lo moral, lo ético, a los actos de la persona, porque el asombro no se puede buscar por medio de la voluntad. No puedo querer quedarme asombrado, ¡no sería asombro! El asombro es algo también terrible y poderoso, que se impone, que ejerce fuerza sobre nosotros haciéndonos comprender que somos o muy pequeños -y nos deja desprotegidos y humildes- o muy grandes -y convoca nuestra responsabilidad más alta-. El asombro no es planificable, y no lo es de ningún modo. Se puede adelantar e intuir, y sin embargo, cuando llega es totalmente novedoso.

¿Qué te asombra de tu vida corriente, de tu vida diaria? ¿Hay algo que haya sucedido que haya tenido esa capacidad de requerir algo de mí más allá de lo ordinario y de lo conocido, que te supere con creces y ante la que te has quedado estupefacto e interrogado? ¿Desearías estar abierto a esa forma de vivir, un tanto perpleja, que abre la puerta a disfrutar de todo, en el mejor sentido del carpe diem latino?

No es difícil constatar cómo hemos perdido una cierta capacidad de asombro ante las cosas que nos rodean y aquellas que nos suceden. Damos por supuesto demasiado. Creemos conocer y poder explicar casi todo cuanto sucede. Y sin embargo, detenidamente, nos reclaman de vez en cuando para enseñarnos que en la vulgaridad y lo elemental algo se levanta por encima de todo para educarnos en lo excelso y tremendo y fascinante. Acabo de llegar a la casa en la que estoy alojado en Roma después de un paseo nocturno por lugares “clave” de la ciudad. Ayer no tuve la oportunidad de salir por la noche, y hoy no me he resistido. Es la cuarta vez que visito la Fontana di Trevi. Y cada día me parece más grande, más hermosa, más sublime. Además hoy me he parado, de espaldas a la misma a echar mi moneda, y he podido ver la cara del resto de la gente. Había niños y mayores, africanos y asiáticos y europeos y americanos, mujeres y hombres… de todo. Y en todas sus caras existía ese reclamo de lo extraordinario.

Lo que me quiero preguntar es si esa cara sólo la ponemos después de hacer viajes de avión, después de abandonar la vida que llevamos. Si fuera así, no merecería realmente la pena que siguiésemos entregados a las tareas diarias; si sólo de vez en cuando tenemos la oportunidad de descubrir que estamos VIVOS, no comprendería por qué tanto esfuerzo viendo pasar las horas y los días esperando el siguiente momento de asombro.

En mi vida diaria me asombra Dios, con su Palabra siempre cuidadosa y directa. Me asombra la comunión con personas a las que aparentemente conozco tan poco y con las que comparto tanto y tanto. Me asombra igualmente mi vocación, que ni yo doy por supuesta y que parece que toca descubrir como nueva de vez en cuando. Me asombra la historia que he hecho, la fuerza para superar obstáculos y la certeza de que estoy viviendo de verdad. Me asombra el rostro de algunos jóvenes y niños, por quienes he rezado estos días en la casa de Calasanz, que son para mí un misterio, que son parte fundamental y radical de mi vida, que respiran los valores del mundo y están empezando a crecer entre no pocas dificultades. Me asombra que Dios haya puesto en mí determinados dones, y me asombra aún más que en medio de una sociedad poco crítica pueda aportar con ellos una palabra y una vida diferente a la normal. Me asombra que haya personas que viven la injusticia cada día y luchen por salir adelante, y lo digo con dolor, igual que me parece asombroso creer que el mundo se puede cambiar para hacerlo más humano y fraterno “a golpes de educación y diálogo”, dejando a un lado los “golpes violentos” de los totalitarismos modernos, mediáticos y fanáticos de la postmodernidad aparentemente tan relativista. Me asombra estar aquí, lejos de mi vida rutinaria, y acordarme de ella con añoro. Me asombra tener ganas de comenzar el curso, siempre mejor que el anterior, en mitad de las vacaciones…. Y tantas, tantas otras…

Gracias a quienes me habéis ayudado a descubrir estos asombros diarios. Es un camino terrible y difícil de recorrer, de final feliz.

Roma, 26 de julio de 2011

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4 pensamientos en “¿Con qué te asombras?

  1. Buenas noches, José Fernando. En primer lugar, gracias por seguirme en Twitter porque así he podido descubrir este artículo sobre el asombro que me ha parecido una maravilla. Cierto es que vamos perdiendo poco a poco esa capacidad de sorpresa ante el mundo cuando no debería ser así, ya que está lleno de elementos extraordinarios. Me parece que expresas muy bien tus ideas y que, además, lo haces de forma muy bella. Haces que uno se mire dentro del corazón y se asombre de todo lo que Dios nos da todos los días. Un cordial saludo

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