¿Igualdad de oportunidades?


Si me pusiera a analizar la pregunta en “plan histórico” tendría que decir que es una de las “igualdades modernas” más recientes. Nace de una reflexión profunda, después de muchos años de legítima demanda de igualdad entre razas (que convivían juntas, no lo olvidemos; porque la igualdad respecto al sur es algo que al norte no le interesa todavía) y entre sexos (esa realidad biológica a la que está anclado toda persona desde que nace, como la raza). Pero no es un post histórico.

Me planteo si damos, de partida y con responsabilidad, la oportunidad a la gente a que se muestre tal y como es. Deseo llevar la cuestión de la igualdad de oportunidades al inicio de toda relación humana. O si realmente no es así, ¿qué nos mueve a prejuzgar a la gente antes de que conocerla?

Supongo que a todos nos ha pasado que, después de una conversación, alguien nos ha sorprendido y hemos pensado que esta persona no es como yo creía. Para bien o para mal. Que los prejuicios también son, siendo siempre positivos porque añaden algo, “buenos” o “malos”.

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Un pensamiento en “¿Igualdad de oportunidades?

  1. Creo que es dificil abstraernos de los prejuicios si nos atenemos a prejuicios como lo que son, juicios previos:desde la complexión física, la indumentaria o el acento que hablan por sí mismos de la persona. Tal cual, esos datos nos llevan a un juicio previo aséptico, que puede ser acertado o no. Lo malo es cuando introducimos de manera activa la connotación peyorativa que tiene hoy en sí mismo el término “prejuicio”: cuando la complexión física, la indumentaria o el acento (son sólo ejemplos) nos llevan a despreciar al otro, a ningunear al otro, apartando a un ser humano que por serlo tiene la misma catégoria que nosostros y perdiéndonos la oportunidad de crecer con las experiencias del otro. Esto es muchas veces inconsciente, prejuzgando casi como algo instintivo producto de lo aprendido desde la temprana niñez -qué importantes son las actitudes y los comentarios delante de los niños- mezclado también con las conclusiones acumuladas por nuestra experiencia con personas de aspecto similar; sean cuales sean los hechos, o los datos que impelen al individuo a prejuzgar, a medida que vamos madurando y creciendo no son ni siquiera excusas. Un individuo maduro y consciente carece de justificaciones para realizar un prejuicio peyorativo y con consecuencias despreciativas. Y si hablamos como cristianos, desde una determinada edad no hay ni excusa ni razon; en algo se nos tiene que notar la Fe, la Fe vivida y razonada, la experiencia íntima de conocer a Jesús. Porque si en el otro vemos realmente al hermano, el único juicio previo que debería caber es el de unos brazos abiertos.
    P.S.: JF, se echaba de menos….

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