¿Tragas o masticas? (Sobre las series para jóvenes)


El mundo de las series televisivas, uno de los productos audiovisuales en auge, nos proporciona multitud de temas sobre los que dialogar y tratar con profundidad. Quien haya visto algún capítulo de House puede plantearse de forma directa asuntos relacionados con la ética médica, el aborto, la eutanasia, la legislación y privacidad de los pacientes, y de paso un sinfín de otros muchos polémicos debates más cotidianos, como las relaciones de pareja, la amistad, las capacidades personales, el consumo de drogas y alcohol… Menos concreta puede ser la serie Friends, la que, como su propio nombre indica, trataba todo lo habido y por haber en las relaciones de amigos, aunque de una forma curiosa. Personas que siempre se encontraban en los mismos lugares prácticamente (bar y casas) en torno a los cuales se desarrollan todas las micro y macrohistorias. En español cosechamos unas cuantas de todo tipo, cada una con sus peculiaridades y fondos. Por recordar algunas, de las más seguidas probablemente, Física o Química, Los Serrano, Aida, Aquí no hay quien viva, Cuéntame, El internado… En cada una de ellas encontraremos aspectos peculiares de una realidad que se plantea absurda y llamativa, y que con el tiempo nos cae del todo normal y asequible. Dirigida a mayores y con público preferentemente no adulto tendríamos que destacar Los Simpsons, por su éxito rotundo y por la eficacia de su comunicabilidad. Comenzaron siendo una crítica ácida y dolorosa a la realidad de los EEUU y siguen siéndolo independientemente del público que se planta frente al televisor o el ordenador. En las series encontramos antihéroes, como en Los Soprano o en Dexter, aunque también superhéroes aproximados a nuestra realidad tanto que da vértigo su oficio, como en muchas de las policíacas de investigación estilo CSI donde el malo, haga lo que haga, siempre es capturado aunque tenga que intervenir para ello un observador privilegiado llamado El mentalista. Series hay para todos los gustos, de todas las edades, de todos los temas, con casi todos los finales posibles o por inventar: The Big Bang Theory, Glee, How I met your mother, Anatomía de Grey, Lost, Heroes

Y sin embargo, eso no es todo. Las series construyen macrohistorias en torno a las que giran infinidad de temas pequeños, que no se pueden controlar ni prever con antelación en la mayor parte de los casos. Hablan y tratan asuntos de una enorme seriedad, como la pereza o el estudio, la avaricia o la pobreza, la desprotección de los menores sin familias aparentes o la presencia de adultos y jóvenes mezclados en historias de amor.

Si vamos un poco más allá, podemos plantearnos las series en sí mismas. Es decir, ¿qué supone que estemos delante de una serie? ¿Qué conseguimos con esto? ¿Es verdaderamente un momento de esparcimiento o hay otro tipo de elementos muy presentes y vivos que se ponen en juego de forma distinta? Digamos, de un modo general, que prácticamente ninguna hora lectiva en el centro consigue semejante nivel de atención por parte de un joven, que ninguna clase de Ciudadanía o curso sobre capacitación o competencias está a la altura del “implante ético” que supone una serie, o que provoque semejante identificación (dicho sea de paso, los procesos de identificación que hace no pocos años los jóvenes establecían con figuras de su entorno o líderes del fútbol, ahora se encuentran en las series de televisión, y en esto hay un cambio rotundo y radical hacia lo cotidiano sin fantasías).

Las series son -no debemos olvidarlo- relatos, es decir, historias que se cuentan con más o menos acierto y felicidad. Relatos acompañados de músicas, efectos, matices, imágenes. Relatos en los que aparecen, verdaderamente, desviaciones personales, psicológicas o sociales, acusadas. Relatos que nos sirven, por otro lado, para diferenciar seriales (largos) de series de ficción (limitados). Relatos que no sabemos bien quién los demanda exactamente, porque está claro que existe una política muy definida respecto al éxito y continuidad de algo en función de los índices de espectadores y el impacto mediático, siendo la audiencia propiamente la que dicta sentencia en esta “dictadura de la opinión de muchos o del pensamiento único.” Relatos, por otro lado, desvinculados de los procesos narrativos tradicionales e insertos en la cultura del espectador mediante potentes instrumentos fílmicos que cautivan. De estos instrumentos subrayamos cinco, siguiendo la revista MJ 410.

  1. Lo sensorial. Alejado del proceso de lectura y sus esfuerzos y paciencia, se habla ya de “secuestro emocional” por los procesos desencadenados que provocan la inactividad en el sujeto de sus procesos reflexivos. Todo lo planteado, en cuanto a valores y contravalores, va directamente al inconsciente del sujeto. Largo debate ha provocado la epistemología en filosofía y muchos libros hablan de la capacidad de saber real de las personas. La información, que puede entrar por cualquier canal a la vida, sigue siendo “informada” hasta que no carece de forma. Lo recibido por la vista y por el oído (en planos muy diversos de conciencia) sólo se convierten en saber en la medida en que hay crítica y reflexión.
  2. Lo narrativo. Si bien antes lo narrativo convivía con otro tipo de discursos, como el racional, el filosófico, el teológico, el sociológico… hoy más bien todo queda absorbido en lo narrativo. Lo audiovisual tiende a convertir todo en historias contadas, sin provocar reflexiones sistemáticas sobre un tema. De este modo, personalizando y dramatizando informaciones o temas, se consigue una mayor preocupación por lo que está sucediendo en el entorno. Pero conviene igualmente caer en la cuenta de que no existe narración sin una pretensión concreta, es decir, sin un discurso o mensaje implícito. No es una cuestión subliminal, y no conviene confundir ambos planos. No se trata de un mensaje enmascarado y que aparece yendo directamente al subconsciente, sino la propuesta narrada de ideas de mayor calado y hondura. También a través de las series se proponen, indiscutiblemente, valoraciones de la realidad y se da “valor” a determinados actos y pensamientos (a favor o en contra), se critican posturas sacadas grotescamente de la realidad y estereotipadas, se condicionan pautas de comportamiento por identificación e idealización de personajes protagonistas o secundarios con incidencia directa en la realidad del sujeto. Y todo ello sin acceder a los elementos propios de la reflexión racional, por el colapso emocional. Lo que aparece en una serie se interioriza, no en vano se atiende y sigue en múltiples canales.
  3. Lo dinámico. Ha desbancado lo estático. No es sólo contraposición de la fotografía al cine, sino de la pausa y la contemplación (theoría) a la acción (praxis). En todo queda privilegiado el ritmo, los cambios de plano y secuencia, y también de tema haciéndonos girar de un sitio a otros con los ojos y la cabeza hasta “casi marearnos”. La quietud se identifica con el aburrimiento, lo que no es movimiento es tedioso y cargante. Y el espectador, en su ignorancia e ilusión, pide que se active esa parte de la vida que él tiene dormida en un momento en el que pide –qué paradoja- descansar y no pensar. Lo vertiginoso y la constante demanda de dinamismo y acción se convierte, de esta manera tan sutil, en una herramienta que también llevará a su vida cotidiana y a su consumo frecuente de tantas y tantas cosas. La memoria de lo sucedido importa sólo en la medida en que permite dar a conocer cómo se comprenden elementos del ahora, y se olvida lo que no enlaza con nada de lo presente. Es el sino del cambio, la transformación de lo que era por algo que ya no es, que no está y no será probablemente nunca más. Esa falsa consideración del pasado en mor del dinamismo favorece lo irreflexivo y la interioridad significativa del sujeto. No mira “hacia dentro” sino que está pendiente de lo que suceda siempre “hacia afuera”. El olvido no es sólo, llegado un momento de la expectación, de lo que era y fue sino incluso de sí mismo y de lo que sucede a su alrededor. Lo dinámico provoca la absorción, el estado de alienación del individuo y la falta de conciencia de lo que sucede dentro de sí.
  4. Lo emotivo. Las emociones son procesos complejos. No son impactos en lo humano, sino el resultado del impacto de una realidad sobre lo humano. Realidades de muchos tipos. Las series utilizan esta mecánica para alcanzar de lleno a un sujeto desprovisto de defensas en un tiempo de relajación íntimo y personal. La situación de desprotección es evidente, y también fomentada. El lenguaje audiovisual, a diferencia de otros formatos, salta todo el complejo proceso de descifrado, comprensión y elaboración de las emociones para ofrecer un pack definido en el que el sujeto tiene que sentir “esto concreto”, y lo afirma con palabras y expresiones de los personajes. Lejos, por lo tanto, de todos los descubrimientos recientes en torno a la inteligencia emocional y la competencia afectiva, que promueven por el contrario la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos, y manejarlos sin que sometan al sujeto a su dictadura. Las series, por el contrario, llevan al espectador a consumir compulsivamente sentimientos, llenando y desbordando, en lugar de enseñar para aprender, ampliarlos o valorarlos. En las series, todo se da hecho, como ocurre con las canciones para adolescentes o de determinados grupos sociales.
  5. Lo sensacional. Maravillosa palabra, y realidad potenciada para impactar en la audiencia. Lo sensacional se relaciona con la prensa rosa, que ha caído en desprestigio social aunque sigue siendo muy seguida y consumida en el ámbito privado. Sin embargo, en las series lo “sensacional” se tiñe bajo aspecto de irrealidad, lo que permite su aceptación de una forma menos “salvaje” o estrafalaria. Lo sensacional sorprende, demanda atención y despierta interés. Sus formas son múltiples, tanto en la técnica, como en lo narrativo, como en el plano de las ideas desacostumbradas o escandalosas a primera vista. Sin embargo, lo sensacional repetido varias veces deja de serlo y se convierte en común, aceptado, poco llamativo o incluso mediocre y sin interés. Por lo tanto, toda realidad vulgar convenientemente maquillada y presentada en su entorno y con opiniones diversas (fundamentalmente en contraste con otros personajes o situaciones) puede transformarse en algo extraordinario y deseable universalmente (incluso más allá de la pantalla). Lo cual convierte a las series, y la interacción entre diversas series para un mismo público, en una herramienta poderosa para generar opiniones, aceptación de realidades hasta entonces marginales, o provocar hábitos antes no habituales.

 

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2 pensamientos en “¿Tragas o masticas? (Sobre las series para jóvenes)

  1. veo que te has leído el último misión joven. y veo también que conectamos en muchas cosas, que compartimos inquietudes. me alegra saber que no soy el único “raro” por el mundo, jeje. me he suscrito a tu blog y te voy a seguir de cerca por twitter. nos vemos en la red.

  2. cómo no tener cosas en común, si esta misma semana ha estado vuestro responsable de cuestiones sociales de España en mi casa, y uno de mis hermanos de comunidad ha participado en una de las formaciones para profes que tenías, y Ain Karem son estupendas, y Cristo Jesús nos une… Lo mío con el blog es nada comparado con la maravilla de tu web. Desde ya, yo también te sigo. (Por cierto, siento el “plagio”, pero es el documento que les doy a los alumnos de 2º Bach en clase de Reli, que al empezar nueva evaluación hacemos algo más “crítico con nosotros mismos”; y no es del todo cierto que haya leído la última Misión Joven, yo diría más bien las últimas Misión Joven, que soy un adicto… gracias por el servicio que hacéis.) Un abrazo fraterno, en Getafe tienes casa… Tenemos que quedar un día.

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