¿Vigilancia y sobriedad?


Dos actitudes básicas que permiten la disponibilidad. Quizá hablamos hoy de otras formas, con otras palabras, con otras claves o desde otras posturas. Pero, si te paras a pensarlo un segundo, son realmente esenciales a toda vida que quiera estar disponible realmente a la voluntad del Padre. De tal manera que, no asegurando éstas, al Espíritu le queda hacer piruetas “espirituales” (que son propias de él, claro está) para llegar al corazón de los hombres.

1. Vigilancia. Que es atención, escucha, mantener presencia. E igualmente adelantar lo que puede suceder para bien o para mal. Vigilar no es una actitud desconfiada, sino una apuesta para no estar dormido en la vida, corta y frágil, que siempre nos toca compartir con otros, en una historia y cultura común y compartida.

2. Sobriedad. O lo que es lo mismo, no estar atado ni a cosas, ni a personas, ni a circunstancias, ni depender de sentimientos y pensamientos. Ser capaz de considerar que otras realidades son siempre más importantes que aquellas que nos pueden atrapar.

Te invito a pensar y “valorar”, desde estas dos pequeñas realidades, cuál es tu disponibilidad para el Padre.

Si esperamos que todo nos venga hecho, sin poner siquiera de nuestra parte, en poco tiempo seremos fácilmente conscientes de que hemos sido adueñados por una realidad que no es la propia, ni era la querida, ni ha sido elegida, ni se nos ha preguntado. La vigilancia y sobriedad me parecen dos claves preciosas para el tiempo de Cuaresma que hemos iniciado.

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