¿Cómo ves tu vida?


Mi vida es un regalo de Dios. No sólo para mí. También para los demás. Así quiero levantarme todos los días. Dispuesto a conocer a otros, a acompañar a los que tengo cerca.

Hoy he tenido un encuentro con hermanos escolapios que normalmente no veo, hemos pensado en una revista sobre jóvenes que tenemos entre manos, he comprometido mi tiempo para aportar lo que pueda, he recibido una llamada triste porque ha muerto un niño de mi colegio, he llamado a uno de mis hermanos de comunidad para compartir ese dolor y poder acercarnos a celebrar la Eucaristía con la familia por la tarde, he comido con 16 escolapios en una casa sencilla y uno de mis hermanos era celíaco, he cogido el coche para regresar a mi comunidad y recoger al compañero con el que iba a acercarme al tanatorio, he dado un fuerte abrazo a mucha gente cuando he llegado y he dado una palabra de “sentimiento y ánimo”, de “esperanza y descanso”, hemos celebrado la Eucaristía sin dejar de mirar a Dios ni a la familia, hemos enterrado al pequeño con dolor y sufriendo la pérdida, esperando que él nos preceda, he orado profundamente en el corazón, he llorado también al acercarme a tanto sufrimiento, he recibido un fuerte testimonio de paz de Dios y fuerza de la que nos sigue invitando a desgastarnos, he vuelto a casa y he llamado a un amigo que también tiene a su padre en el hospital y acababa de ser operado de corazón, he hablado con su mujer y me ha contado las cosas que Dios hace con ellos, he trabajado en un tema de acompañamiento de un programa de formación, he orado de nuevo dejando todo a un lado y en mi cuarto, con las quejas que Moisés le presenta a Dios en Ex 4, he recibido un mensaje de un primo que se casará en Junio para que yo presida la Eucaristía en un pueblo de Jaén, he cenado con mi comunidad y nos hemos sentado a ver las tristes noticias del mundo, y luego he me sentado en mi cuarto con uno de mis compañeros a preparar una convivencia con jóvenes que tendremos en marzo en nuestra misma casa, pensando en lo mejor para cada uno de ellos e intentando mirar con la mirada de Dios “directa al corazón“. Ha sido muy enriquecedor compartir juntos la Palabra de 1 Sam 16, y descubrir que a un tiempo somos para el mundo como Samuel y como David juntos, llamados por Dios pese a cualquier apariencia y con la misión de ungir a otros Acabo de enviar el email con el esquema y algunas anotaciones en un documento de varias páginas que mañana recibirán mis otros hermanos del equipo en el que trabajamos, religiosos y laicos juntos. Y ahora, al final de la noche, tengo guardadas en mi corazón unas palabras hermosas del Evangelio que hemos celebrado en el funeral: “A ti te digo, joven, levántate.” ¿A mí, Señor? ¿Me lo dices a mí, Señor? ¿Con quién hablas, Señor? ¿Que me levante, de dónde? Que me mueva, ¿hacia ti?

Te dejo un video, con la mayor sencillez posible. Así me siento hoy, después de un día de descanso en Dios, de reposo en su misión, de alegría y tristeza unidas. Gracias Señor por la vida que me das.

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3 pensamientos en “¿Cómo ves tu vida?

  1. Querido Pater, leí esto antes Laudes, así que hoy han ido por esa familia que ha perdido a su hijo y por tí. Humanamente rompe el corazón y es la fe la que nos alienta. Hay una canción preciosa de Cristobal Fones SJ “Reciban su alma y presentenla ante el Altísimo…..” ahí tendrán a su hijo recibiéndoles cuando el Padre les llame. Nosotros los padres somos sólo meros transmisores de la vida, y le enseñamos junto a vosotros los Sacerdotes la Vida. La vuestra gastada o empleada por Jesús en todos y cada uno de nosotros es también un pedacito de cielo en la tierra. Gracias por la tuya JF. Gracias a Dios por conocerte y porque un día pude mirarte a los ojos y ver la limpieza y la grandeza de un religioso, y sacerdote entregado y sincero. Desde mi pequeñez, mi oración por esoso padres por tí, y por todos lo jóvenes que vean en tu vida la grandeza de la Vida y se animen.

  2. su persona y su columna me devuelven la esperanza de saber que todavía hay sacerdotes que realmente dedican su vida a Dios; son tan pocos! Ojalá la iglesia hiciera un ejercicio de conciencia. Yo no soy católica, ni deseo serlo, honestamente. Pero sí creo que hay personas buenas, como usted. Ojalá hubiera más sacerdotes que transmitieran el amor de Dios hacia los hombres. Gracias por su columna padre.

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