¿Buscas ser libre?


Estoy preparando, terminando de preparar, un tema de filosofía para mis alumnos que, como de costumbre, me da mucho que pensar. En el libro que manejamos todo empieza con una frase lapidaria: “Las personas somos inevitablemente morales.” Más abajo apostilla que todo esto de “la moral” no son contenidos propiamente dichos (mucho menos expresados exclusivamente al margen de la persona) sino que entablan diálogo y están íntimamente relacionados con la libertad, la conciencia y la responsabilidad. Y aquí comienza mi pregunta entonces: ¿Puede alguien ser moral sin buscar y cuidar su libertad, conciencia y responsabilidad? ¿Dónde quedaría todo si partiésemos de que no somos tan libres como pensamos, que poseemos una conciencia dañada y que la responsabilidad nos repatea la vida e intentamos huir de ella? ¡Damos demasiadas cosas por supuesto y nos lanzamos a lo más llamativo y central! ¡Demasiado deprisa!

Todo me lleva a pensar que la filosofía es una ciencia segunda que trata temas de primer orden, para aquellos que han comenzado una primera navegación en la historia que les ha tocado vivir. Una primera navegación que nace de los interrogantes y las preguntas, pero sobre todo de darse cuenta de que han sido “liberados” del pensamiento de “los muchos”, que han sido liberados, aunque sea mínimamente y en forma incipiente, de tantas ataduras y daños como provoca la ignorancia, la irreflexión… Si la filosofía es lo segundo aunque trate de lo primero, es porque reconoce ella misma que detenerse en filosofar sin vivir -no en sentido utilitarista- es ingenuidad práctica, y por lo tanto se niega a sí misma.

Pero más allá de todo esto, vuelvo al origen de todo para hacer presente en mí, en mi vida y en la de otros que tengo el gozo de conocer, que compatimos una historia común que se inició por medio de otro(Otro) que nos despertó del letargo y nos hizo descubrir todo eso que muchos libros (incluido este que yo manejo) dan por supuesto. Doy gracias, ahora que me enfrento a este tema, por saber que he sido llamado a la libertad, primeramente liberado, primeramente sanado y curado de mis dolencias y temores, y que se me ha ofrecido una vocación con la que vivir responsable no sólo de mí mismo, sino también de aquello que en mí brota hacia los demás, los más pequeños, los jóvenes a los que mañana hablaré y a los que escucharé sin duda.

Todo esto me pasa por pensar. ¡Qué maravilla poder dar gracias por este don, por tanto don!

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