¿Arrastras personas contigo?


Desde el aula se ven cosas con una gran claridad. Por un lado personas que llevan a otras de la mano, otras que se dejan arrastrar, y poco más allá el que quisiera que todos le siguieran e imitasen. Son líderes, natos o innatos, los que viven tras esas capas de corderos. Arrastran consigo a los demás. Los atraen con mañas inconscientes. Los mueven a su gusto y parece que sólo hablan encantadoras palabras que hipnotizan débiles personalidades.

¿Eres de los que atraes? ¿De los que son atraídos? ¿Eres de los que saben conducir? ¿Eres de los que pasivamente son conducidos? Una gran pregunta. Aquello del “dejarse llevar” o del “nadar contracorriente”. Vuelve de nuevo la pregunta sobre la libertad de la gente, sobre las actitudes que dejan verdaderamente a los demás tomar opciones por sí mismos. Cuestiones relativas a la influencia del ambiente o del contexto, también sobre la debilidad de las posibilidades en las que nos vemos envueltos y que nos devuelve la existencia.

Pero hoy particularmente me preocupa “hacia dónde” se dirige a la gente. Sin líderes tan mediáticos como antaño, tan personales y reflejos, fácilmente esteriotipados y con sus posters por doquier. Creo que, si bien en clase se siguen notando esas “presencias directas” entre iguales, cuando salimos de los contextos limitados nos abrimos a un mundo en el que también hay personas que atraen pero no dan la cara. Entiendo que detrás de toda red social, detrás de toda propuesta de moda, debajo incluso de las motivaciones por las que la diversión se enseñorea con dos o tres modos bien concretos, tiene que haber “alguien” que utiliza además su anonimato para crear “tendencia”. ¿Quién es? ¿Por qué lo hace?

Recuerdo que en el Evangelio, cuando Jesús se encamina decidamente hacia Jerusalén para dar su vida por muchos, hasta los discípulos dudan. Entonces Él, magistralmente, les ofrece una palabra de libertad cuando todos parecían abandonarle: “¿También vosotros me dejáis?” Sin ataduras emocionales, sin chantajes falsos… una palabra de libertad que busca lo auténtido del hombre.

Quiero recuperar esta palabra. No seguir “porque sí”, sino responder al Maestro también hoy, y en lo cotidiano, que con Él quiero seguir avanzando aunque parezca locura.

Anuncios

Un pensamiento en “¿Arrastras personas contigo?

  1. Ufff, mucho, mucho jugo tiene la tan esperada entrada de hoy. Por un lado el ambiente y el contexto en el que vamos creciendo hace que de una manera innata formemos grupo, en principio, con “los iguales”, con aquellos a quienes creemos nos asemejamos más; con el tiempo vamos aprendiendo que “los iguales” o no existen o pueden no ser los que imaginábamos, es decir, los estereotipos grupales enmascaran la realidad de los individuos que los conforman. Algunos, con una cierta edad ya, nos hemos dado cuenta de que “los iguales” somos todos, el género humano creado por un mismo Dios. Una realidad que te empuja a mirar sólo al corazón del hombre para poder encontrarte con Dios, también allí.

    Por otro lado, las personalidades encantadoras, arrolladoras, son siempre atractivas y continúan existiendo, quizás no en forma de líder carismático colgado en un cartel; personalidades que enamornan, subyugan por lo que transmiten y pueden hacerlo con limpieza de manos y pureza de corazón,o ser unos embaucadores que nos lleven al abismo. Pueden apaerecer quizás sin cara, puede que como simple idea o tendencia, lo cual es peor (todo vale para la felicidad inmediata, “ahora y aquí”, mejor sin esfuerzo; ya que hemos descubierto -menuda novedad- que somos seres sexuados, ala, a practicarlo sin más que con una pildorita está todo resuelto; ¿esfuerzo? ¿trabajo? ¿estudio? ¿contención? Va, qué antigüedad). Peor sin imagen visual definida, porque tras el desencanto no tendrás un rostro a quien reprochar; peor porque si hay un rostro, es medio desdibujado para cambiar rápidamente por otro del que también nos olvidaremos, porque lo importante es que la idea vaya calando. El único rostro que encontrarás tras el desencanto será el del Señor, con los brazos abiertos para acogerte y perdonarte: Copiosa apud Eum Redemptio. Ya comprendo que no es de color de rosa, porque lo que nos pinta es que la felicidad, nuestra felicidad, no reside en nuestra inmediatez; que nuestra actitud cambia a otros, influye en otros, ayuda a otros, hace felices a otros. Otros, otros, otros y detrás está uno mismo, caminando y feliz yendo de Su mano. Caminar arrastrando con nuestra vida a otros. ¿Locura? A nada nos obliga; aquí estamos de paso, de camino. Somos nosotros los que decidimos, porque Él nos deja absoluta libertad de elección.

    Tú ¿Qué eliges?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s