¿Se puede perder la esperanza?


Reza un refrán español que “la esperanza es lo último que se pierde”. Luego podemos concluir que sí, que ciertamente se puede perder. Pero parece que es difícil, que hay que dejarlo para lo último, que es un sostén casi infinito que muestra sus gruesas ataduras cuando todo parece estar perdido. Pero sí, en cualquier caso, puede perderse. Y confiarse en lo contrario es adormilarse, adormecerse, acomodarse. Al menos en la esperanza que yo creo, según la entiendo. La ingenuidad, tonta y boba, es otra actitud diferente.

La esperanza es una virtud. Y, curiosamente, el hombre por sí mismo no puede generarla ni es su dueño. Lo máximo a lo que llegamos es al optimismo ante la vida, como visión o como planteamiento. Pero no a la esperanza que recibe una promesa, no a la esperanza que fortalece y hace del corazón humano valiente, aguerrido y entregado.

Leyendo (re-leyendo, pero como si fuera la primera vez) Spe Salvi estos días me han sorprendido numerosas cosas. Sinceramente, quizá porque yo estuviese más abierto, pero parecía que caía en mis manos por primera vez. ¡Qué sorpresa! Lo primero es algo que aparece en el final segundo párrafo: “Quien tiene esperanza vive de otra manera; ha recibido una vida nueva.” Casi nada. Lo segundo y último para este post -porque hay más- es toda la parte que refiere las escuelas de aprendizaje de la esperanza. Por orden, para no liarme: la oración, que transforma el interior del hombre asemejándolo cada vez más al de Jesucristo; la acción y el sufrimiento, lo concreto y no las ideas vanas y vacías, sino lo cotidiano y la experiencia global de lo humano, sin evitar el sufrimiento; y la justicia de Dios, entendida en como el Juicio, que nos ayuda a ordenar nuestra vida y a confiar en que, pese a todo lo que vivamos y veamos, Dios tiene la última y definitiva palabra, y su palabra es de verdad y amor.

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Un pensamiento en “¿Se puede perder la esperanza?

  1. Cada día, en lo cotidiano, uno está sometido a la fragilidad que sentimos cuando algo no macrha como quisieramos que marche, y echamos mano a la palabrita esperanza que dicha de una u otra manera recobra su sentido más profundo o el más llano.

    Pienso (luego existo, jeje) que la esperanza hay que conquistarla, como todo en la vida. Y esta no la consigues una vez que la conquistas sino que hay que estar currándotela a cada segundo.

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