¿Ay, ay, ay?


Cuando las palabras no llegan a expresar lo que alguien siente, piensa… sólo se pueden susurrar algo así como exclamaciones. Interesante reacción humana. Muy interesante. Cuando las palabras no llegan aparecen las casi-palabras (los lingüistas me matarán, pero yo lo disfruto).

Pero no me puedo conformar. No pueden ser estas las únicas palabras, mucho menos las últimas que dejemos a la humanidad después de un momento impactante. Este ¡ay! se debería convertir realmente en un ¡hay algo que no quiero expresar! Porque sé que ha tocado, porque me doy cuenta de que ha llegado. El poder de la palabra no se puede reducir a un ¡ay!

Me da qué pensar. (1) Hay veces que no podemos decir lo que vivimos. Es cierto. Lo he vivido. Muchos. No es algo personal. Ni soy original en eso. (2) Hay otros momentos en los que mis palabras sé que no van a coincidir con las ideas de quien me escucha. Vaya movida ¡Dios se enfrenta a ello todos los días! ¡Con nosotros! Intenta hablarnos, pero estamos en otra onda. ¡Qué trabajo! A la Iglesia le sucede también algo similar, sinceramente. Perdón, ¡nos ocurre! (3) También sé que hay ocasiones en las que no quiero decir más. Y esta sí que me preocupa. Porque algo me ha tocado e intento mirar hacia otro lado.

Gracias, Noe, por darme la oportunidad de esta nueva pregunta. Tu blog En lo cotidiano es siempre una inspiración. Y el diálogo contigo es siempre iluminador. No sabemos hasta qué punto. Ni tú ni yo.

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2 pensamientos en “¿Ay, ay, ay?

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