¿Quieres realmente ser feliz?


No respondas que sí porque es lo que han dicho otros, o porque toca, o porque si no… te convertirías de golpe en alguien ridículo a quien no merece la pena tener en consideración, o porque merecerías que te llamasen loco. Responde desde el corazón, desde la vida y con la vida en tus manos. Lo que haces, lo que vives… ¿te conduce hacia la felicidad? ¿O te deja vacío?

No sé si hay más posibilidades que estas dos: la de una vida que se recibe en plenitud (felicidad, que decimos) o la de quien hace muchas cosas para intentar llenarse a sí mismo y de sí mismo (infelicidad, que descubrimos tristemente a la larga).

Sea cual sea tu situación te invito a conocer a Jesucristo, a dejarte mover por el Espíritu. Te digo estas palabras queriendo llamarte a la luz, a la verdad, a la confianza realmente vivida, a la vida que es valiente en lo cotidiano. No te ofrezco mi opinión sobre las cosas, quisiera que no fuesen para mí nada más que palabras. Lo digo porque es lo que vivo en mi comunidad, en la escuela en la que también vivo y comparto, en los jóvenes con quienes comparto la fe y a quienes acompaño en sus dudas, conflictos y desilusiones, y en los pequeños que comienzan a nacer “de lo alto”. Deja que Dios te pregunte, o pregúntale tú a Él. Da lo mismo el orden siempre y cuando derive en diálogo. ¡Dios está deseando encontrarse contigo!

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5 pensamientos en “¿Quieres realmente ser feliz?

  1. ¡Vaya! Es la pregunta del millón. No está claro que todo el mundo tenga una noción realmente adecuada de la pregunta. Quiero decir: la pregunta, implícita o explícitamente, todo el mundo se la hace a lo largo de su vida, con mayor o menor intensidad o penetración de conciencia. Lo que no suele aclararse casi nunca es que la felicidad, o mejor dicho, la búsqueda de la misma, jamás puede ser un principio constitutivo del actuar moral. Esto ya lo dejó claro Tomás de Aquino y, retomándole más modernamente Rhonheimer o Pinckaers o.p. La ‘Veritatis splendor’ también sigue, claramente, esta línea. No atender esta enseñanza conduce a graves errores, también en materia de fe: cuando (hablo como cristiano) nuestro cristianismo queda instrumentalizado para satisfacer nuestra ‘espiritualidad’ personal.
    La verdad es que tengo desde hace tiempo el borrador de un artículo acerca de por qué la búsqueda de la felicidad no puede ser un principio constitutivo de la acción humana. No es idea mía, claro: atiendo a lecturas y estudios realizados por gente más sabia que yo. Esto no significa, cuidado, negar el deseo de felicidad que late en el ser humano. Espero tener tiempo para rematar el artículo de marras.
    Un saludo.

    • Gracias por tu aportación. Genial. Las palabras confunden y tiranizan. También nos ayudan a pensar y descubrir. Dos verbos que me entusiasman. También las realidades.
      Lo que más me preocupa es que, más allá de la pregunta incluso, está la respuesta de la gente en su día a día. En sus cosas también responde. Y hoy, si se cuestiona la felicidad por la felicidad parece que cometes la mayor catástrofe de todas las posibles.
      Estoy totalmente de acuerdo contigo. Muchas gracias.

      • Gracias a ti. Un saludo José Fernando. ‘Pensar’, ‘descubrir’: sí, son dos verbos favoritos: me ha encantado eso. Pensar y descubrir son -o así habría de ser- la esencia de las preguntas que nos hacemos, las preguntas verdaderamente auténticas.
        Un abrazo.

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