¿Te rayas, me rayas?


Nota de inicio, no sea que en otros países la expresión no sea conocida. En España decimos “me rayo” cuando se le da muchas vueltas a las cosas, cuando se piensa, por así decirlo, “demasiado”. Para eso tenemos una expresión genial, semejante a “darle vueltas” o “quedarse anclado” que es “rayarse”. Al parecer, porque soy de otra generación, es lo que sucedía con los tocadiscos. Si se rayaban, estaban perdidos y volvían y volvían y volvían sobre lo mismo.

El límite para decir “me rayo” no está claro. Pensar las cosas y ser reflexivo, no es rayarse. Ser cargante y no poder dormir, quizá lo sea. Aunque hay cosas que quitan el sueño e incomodan. Y creo que he dado en el clavo del asunto.

Alguien que “se raya” es incapaz de tomar decisiones. Bien porque, de suyo, es incapaz de tomar decisiones (visto lo visto, no hay que desechar ninguna opción), o bien porque no están a su alcance. Esto último es debidio a que el hombre no puede “hacerlo todo” pero sí “pensarlo todo”. La distancia entre pensar y hacer es tan grande que la limitación muchas veces es insoportable. Lo cual no significa que hacer y pensar estén separados. Y aquí voy. Este es el punto donde quería llegar.

Últimamente escucho con excesiva frecuencia esto de “rayarse”. Y me preguntaba si los jóvenes no están huyendo de la responsabilidad que exige su propia vida, que primero exige ser pensada. Muchas veces me repito, lo sé y soy consciente de ello en parte, pero si no se piensa alguien toma las decisiones que me corresponden.

Y al mismo tiempo que creo en lo anterior, también sé, por trato directo, que los jóvenes piensan. Son inteligentes; tanta evolución, por muy pesimista que se sea, sería estúpido que desapareciese de la faz de la tierra. Aquí está un nuevo filo para la reflexión personal y social. ¿No será que piensan con criterios poco asentados? ¿Que se juzga desde la “propia comodidad” y por lo tanto “pensar mucho” incomoda?

Mi conclusión, ya la conté antes en el otro post, es que los jóvenes necesitan ser despertados, descubrir la frontera que existe entre pensar y rayarse, entre orar y buscar soluciones, entre dejar todo para el último minuto y adelantarse a la vida que está por venir. Pero es mi conclusión: conocer las fronteras, sin rayarse, claro.

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