¿Me despertaré? ¿Palo, Despertador, Palabra?


Hoy hemos tenido grupo con los jóvenes de 2º de Bachiller. Conociendo nuestra sociedad, me quedo alucinado con ellos. Son especiales. Tienen algo especial, que supera con mucho sus contradicciones y errores, sus caídas… Tienen algo especial y prefiero quedarcon con eso e intentar ayudarles cuando algo les suceda.

Dialogamos hoy sobre esto de “despertar”.

Lo habíamos planteado de forma cañera, agresiva… un tanto violenta e impactante. Los catequistas, somos tres en el grupo, les íbamos a decir que les veíamos dormidos, aniñados, como unos más en medio de una sociedad en la que no gustan los diferentes, que otros estaban tomando las decisiones por ellos como si fueran niños de teta o gatearan por la vida, que tenían todo por delante y no les veíamos con ilusión por comerse la vida… etc… etc… Así, todo en plan duro. Con malas palabras. Este era nuestro plan.

Ellos, escuchando todo esto, iban poniendo cara de circunstancia. En el fondo, algo de razón llevábamos y no se atrevían a hablar con facilidad. Les habíamos dejado KAO en el primer asalto. Sólo de vez en cuando alguien decía algo, medio justificándose, medio dándonos la razón…

Esto me empezaba a preocupar. Tuvimos que abrir una reflexión más pausada. Dar el siguiente paso. Para eso habíamos pensado en ponerles tres símbolos, que sin duda nos ayudan a despertar.

Uno de ellos era un palo. Porque a base de palos, se aprende. Nadie los quiere, cierto, pero parece que es común entre los mortales de vez en cuando recibir uno importante. Bien sea el jefe, bien sea un compañero, bien sea alguien en quien realmente he confiado… pufff, palo.

El segundo, más suave, era un despertador. Es también cierto que la vida lleva su ritmo y usa sus despertadores. Esto de despertar es progresivo, va por momentos. Despertamos a esta responsabilidad, luego a esta otra, y así sucesivamente. Poco a poco nos vamos dejando llevar, y si suena, suena. Si no suena el despertador de la responsabilidad, tenemos un problema. Si lo apagamos, otro más grande. Seguimos dormidos, aunque hemos sido avisados. E insisto, creo firmemente que la vida tiene su ritmo, que Dios lo hizo realmente bien, y que existe un despertador para el amor, para la compasión, para la entrega, para el sacrificio, para el trabajo, para la madurez… y muchas de estas cosas hacen felices a las personas. Si no creyera esto, pensaría que Dios es demasiado cruel con el hombre, que lo ha lanzado sin sentido en este mundo. Pero existe. Es cierto.

El tercero, que no voy a explicar, es su Palabra. Ni palos, ni “la vida por si misma”. Su Palabra. Él despierta al hombre, pero de otra manera.

Un saludo.

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