¿Tensiones, malos rollos, problemas?


Pues claro. Son parte de la vida, y además importante. Parece mentira que no lo sepas aún. Cuanto más cerca estás de una persona, tienes más posibilidades de “roce” y el “roce” hace el cariño pero también se ven más claramente las diferencias.

Me parece que aquellos que son “muy amigos” de las personas que no tienen cerca es porque tienen todavía demasiadas “aristas” que tienen que ser pulidas. Es un regalo poder tener personas tan próximas que se rocen con nosotros y nos vayan limando y puliendo. Es un regalo, pero qué fastidio. Es cierto. Tan cercanas que gozan con nosotros de cosas únicas, pero también se rozan con cosas únicas.

Creo que la metáfora es muy clara. La vida comunitaria, la vida en pareja, la vida compartida realmente con los demás “nos pule”. De alguna manera, ¡qué fastidio!, les corresponde sólo a ellos el privilegio de sacar lo mejor de nosotros mismos. Y eso conlleva, ¡qué fastidio y qué desgracia!, enfrentarnos de vez en cuando, discutir de vez en cuando, enfadarse de vez en cuando, sentirse molesto de vez en cuando.

Pero vamos… que lo importante viene después. ¿Alguien aprovecha ese momento para ser consciente de lo que le sucede? ¿Alguien se pone a hablar, buscando tiempo y lugar apropiado para ello, después de la tempestad? ¿Alguien… sabe aprovechar este momento?

La tempestad… la calma y el sosiego.

En el Evangelio, un capítulo entero del Evangelio de Mateo… va sobre esto. ¿Cuál?

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