¿Qué velocidad marcas?


Están de moda los radares. Al menos en España. Se ponen en las carreteras para comprobar a qué velocidad circula la gente… porque vamos acelerados.

Algo parecido son los “tensiómetros” o “pulsómetros”. Y, como sigamos circulando por la vida a ciertas velocidades, consumiendo momento y no sabiendo qué hacer cuando nos aburrimos, es seguro que nos marcarán de alguna manera “los ritmos vitales”. Y a propósito de esto tuve noticia el otro día del movimiento SLOW, que busca frenar los ritmos de la gente para que puedan disfrutar más de la única vida que tienen. Entre otras cosas, es curiosa la prueba, se citan en las plazas y van frenando a las personas, imponiéndoles castigos como ir a la velocidad de una marioneta.

Sin duda nos hacen tomar conciencia de algo importante y “desenfrenado”. Pero, dónde está el problema. En el ritmo y las cosas que se hacen o en lo que hemos o no aprendido a disfrutar; en el tiempo que tenemos para vivir -que yo sepa el mismo para todos- o en todo lo que utilizamos para llenarlo y evitar que pase en algunos momentos y se detenga lo menos posible en otros.

Asusta el “sin tiempo para hacer tal cosa” casi tanto como “tengo tiempo para no hacer nada” y no sé qué hacer cuando tengo tiempo. Recuerdo una de esas enseñanzas en parábolas de Jesús, es muy conocida: Salió el sembrador a sembrar…

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