¿Persona y circunstancias?


Yo siempre hablo de las circunstancias y de las personas. Las dos cosas unidas. Debe ser que me enseñaron en mi formación que por un lado está la propia persona, con sus historias y con sus experiencias y con sus criterios y con sus valores, pero por otro distinta aparece sus circunstancias, que es donde la persona tiene que ponerse en juego.

Un ejemplo para que se vea que esto hay que pensarlo mejor incluso de lo que yo he explicado. Una persona que sea valiente, cuando la situación cotidiana no requiera de especiales dosis de valentía bien porque no haya nada en contra, bien porque todo sea dado, no pondrá en juego aquello que es. Entonces hablaremos de la persona con normalidad. Esa misma persona en otras circunstancias: con más cosas en contra, o con más libertad, quizá se lance y se muestre de diferente manera. Es así de sencillo. Y hay que aprender a comprender ambas cosas por separado. De lo contrario perderemos las circunstancias en la persona (y nos confundiremos), o perderemos la persona en las circunstancias (y nos confundiremos igualmente).

Algunos creerán que esto es filosofía de Ortega. Pero se inventó mucho antes.

En ambas, en la persona y en las circunstancias, Dios actúa. Cuando actúa en la primera se llaman mociones, en la segunda se dice que son signos. Por medio de las dos, Dios habla. Quizá de forma social en las circunstancias, y personal en las mociones. Pero es el mismo Dios, es la misma palabra. Él nos conoce igualmente.

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