Jesús, ¿quién es?


Me atrevo hoy con una pregunta de las largas. No me extenderé mucho aunque sea de las de tratado. Cualquier persona, si lo piensas bien, merece un libro entero. Intentar hablar de las personas sin reduccionismos, sin malas salidas, sin quedarse en preámbulos, sin hablar en exceso de lo mejor que tienen…. o sin cargar las tintas en lo contrario… lleva de por sí un tratado entero.

Hoy he escuchado sin embargo un Evangelio que me ha sonado a distinto. Durante este curso se han publicado dos grandes libros, en español, que han dado que hablar. Uno es de Ratzinger y otro de Pagola. Los dos sobre Jesús de Nazaret, personaje increíble de nuestra historia contemplado desde la fe como Hijo de Dios. En los Hechos se dice de Él que pasó haciendo el bien, Mateo no se cansa de anunciar que Él es quien cumple la promesa y da sentido a la esperanza de Israel (es más, Él es el Reino de Dios entre nosotros), Marcos le llama continuamente a través de títulos como queriendo conquistar su esencia para dar a conocer a todos los hombres lo acontecido, Lucas le presenta tierno y cercano a las realidades humanas, y Juan es un evangelista prendado de su belleza, de su luz, de su fuerza, de la vida y el camino que ha abierto para los hombres que buscan a Dios y que pretenden conocerse a sí mismos.

Pero el Evangelio de hoy habla del testimonio. Un hombre, Juan el bautista, antesala del nuevo reino y que condensa todo el camino de la historia de la salvación, se planta y dice: “Le he visto.” La gente le debió mirar como con cara de sorpresa. En otros casos le felicitaron y se alegraron por él, pero se quedaron como estaban. Otros en cambio siguieron sus pasos, se fiaron y confiaron su vida en las palabras de Juan. “Ése es”. “Está entre nosotros.”

La gran diferencia entre quienes han visto y quienes sólo han escuchado es la experiencia personal. Para la Escritura puede hablar cualquiera, pero ver pocos. A muchos se les condece escuchar, pero no ver. De hecho, ver a Dios es un privilegio reservado a dos o tres hombres… hasta Jesús de Nazaret. En Él podemos ver a Dios, admirarnos por Dios, contemplar su gloria, lo excelso de su vida, su increíble amor y fuerza, su ternura y cercanía. Todo. Todo cuanto dicen los Evangelios al alcance de nuestra mirada, de nuestra vida, de nuestra inteligencia y de nuestra fe y confianza. Todo eso, escrito desde antiguo, hoy se hace presente y es posible testimoniarlo.

A mí me toca en medio de la escuela. ¿Tú dónde das testimonio de quién es Jesús?

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