¿Guardas parte de tu tiempo?


El tiempo tiene una gran virtud, que educa al hombre: no le espera, es constante, es tan gratuito que no depende de circunstancias. Cuando la persona comprende esto, teme que el tiempo que hasta entonces creía dominar se convierta en una realidad indominable, inabarcable, inapropiada para la existencia humana en la cual la persona tiende a ser señora de todo cuanto pasa a su lado.

Al mismo tiempo que la persona reconoce esa verdad que le supera, que ser temporal significa siempre ser parte del tiempo y nunca señora de él, entonces comienza su propia reestructuración. El tiempo no puede ser vivido al margen de los propios criterios y opciones personales, fuera de grandes idealismos, lo cotidiano recobra su importancia.

Es entonces cuando se adquiere una mayor comprensión: el tiempo no se puede dominar, pero se pueden guardar sus frutos. ¿Guardas parte de tu tiempo, de ese tiempo que te constituye?

Para mí uno de esos principales momentos es el tiempo del amor y el tiempo de la oración. Son los dos grandes tiempos que procuro guardar. Guardar significa también ordenar, esclarecer y clarificar, recoger y atender, priorizar y desear.

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