¿Cambiar yo?


Esta pregunta la escucho a menudo. Dialogo a un “cierto nivel” de profundidad con bastante gente, lo que me permite conocer y ser testigo de la vida de muchas personas. Es una gran alegría, la verdad. Uno de mis grandes regalos. Y también me fortalece en una forma de vivir determinada, buscando profundidad y palabras interesantes. Estoy muy contento con este aspecto de mi vocación.

Son muchas personas las que manifiestan que están satisfechas con gran parte de lo que han construido con ellos, pero siempre hay “peros” que poner. En algunos casos incluso los “peros” son muy importantes. Y si se midiese en una balanza qué pesa más, si aquello que quiero mantener o lo que quisiera cambiar, no sé de qué lado caería el asunto. Incluso en su importancia, porque hay cosas “ambientales” que nos hacen felices pero otras “personales” que nos preocupan mucho, nos incomodan, nos dejan insatisfechos y no se sabe hacia dónde tirar.

Es esto lo que quiero decir. Cuando llegamos al punto de “cambiar”, nos plantamos y decimos “¿Cambiar yo?” Quien tiene que cambiar es “mi vecino”, “mi amigo”, “mi esposo o esposa”, “mis hijos”, “mis familiares”, “mi jefe”, “mis alumnos”, “la sociedad”…. todos tienen que cambiar pero ¿YO? Yo no tanto.

Haciendo un poco de reflexión sobre el tema comprendo lo siguiente. ¿Cuándo cambian las personas? Cuando descubren que hay algo más a lo que agarrarse, cuando se abre otro camino para ellas, otras posibilidades, nuevas inquietudes o se encuentran respuestas a grandes cuestiones que durante tiempo se han ido adormeciendo dentro de nosotros. En esos casos, es fácil cambiar, dar un paso hacia delante, abandonar lo viejo y tomar lo nuevo, cancelar deudas del pasado y afrontar el futuro con esperanza. ¿Sin esperanza se puede seguir adelante? ¿Sin confianza caminaré hacia algún sitio? ¿Sin un nuevo camino … cambiaré? ¡No creo!

Hoy, la gran dificultad es precisamente esta. Existen muchas ofertas, pero todas del mismo rango, al mismo nivel, con las mismas respuestas. Casi siempre son “más cosas”, “más tiempo”, “más…” Lo que hoy se ofrece no es para “abandonar lo antiguo” sino para “acumular más cosas nuevas”, de última generación o de reciente salida al campo comercial.

Pero sin duda hay un nuevo camino abierto. Es bueno saber buscar, saber cuestionarse. Quizá nuestra sociedad, más que grandes maestros “respondedores” y repartidores de soluciones a la carta, necesite personas que sepan cuestionar, hacerse preguntas y mover corazones. Quizá sea esto lo que se requiera hoy. ¿O no es así?

A Jesús un día le preguntaron quién era. Y él devolvió la pregunta: ¿Y tú quién dices que soy yo?

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