¿Por qué vas tan rápido?


La velocidad es una característica de nuestro tiempo. El ritmo, las prisas, el reloj. Todo marcado y con exigencia de puntualidad. Horarios, diarios, calendarios. El siguiente paso será el minutario, en pura lógica.

Con la vida no se juega. No se la puede acelerar ni conviene hacerla esperar. La mitología clásica contaba que una de las edades de los hombres era durante 100 años como los niños pequeños, y cuando esos seres llegaban a adultos no sobrevivían porque no tenían recursos. A la vida no se le puede cambiar su ritmo.

Hoy estamos en una gran tesitura: por un lado la falta de responsabilidades hace que los jóvenes sean progresivamente adolescentes durante más tiempo y curiosamente, por otro lado, se adelantan sus experiencias menos deseables.

Mejor no ir tan rápido, ni tan despacio. Se nos han cruzado los cables.

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