¿Qué tal estás?


Creo que es una de las preguntas más tontas de nuestro lenguaje. No vale para nada porque todo el mundo la usa. La mayor parte de las veces voy viendo que es preguntar sin querer escuchar respuesta alguna. Es como si alguien preguntase por preguntar, por iniciar una conversación.

Sin embargo la pregunta cambia mucho entre amigos. Cuando dos se encuentran… ya saben el uno cómo está realmente el otro, y viceversa. Ahora la pregunta es el inicio de una conversación “de corazón a corazón”.

La oración se inicia siempre, por parte de Dios, con un qué tal estás amistoso. Muchos no lo descubren, pero es la puerta para entrar en ese momento con tranquilidad y obtener los frutos de un encuentro donde el amor, la confianza y la esperanza se van sembrando.

Qué tal no es “quiero conocerte”, sino “porque te conozco… te pregunto.”

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