¿Alguien responde?


¿Alguien responde? ¿Alguien está interesado en mi pregunta? ¿Alguien desea preguntarse conmigo? ¿Alguien quisiera continuar con más preguntas? ¿Alguien tiene la mismas pregunta que yo? ¿Alguien estaría dispuesto a dialogarlas? ¿Alguien confía en sí mismo? ¿Alguien valiente?

Creo que todos buscamos compañeros del camino para esta tarea, para responderse a sí mismo. Aunque sólo podamos respondernos nosotros mismos de forma convincente, todos buscamos alguien con quien dialogar.

¿Buscamos bien? ¿Buscamos? ¿Algo bueno?

Quizá mis amigos sean un acierto. Quizá sea Dios el mejor acierto. Quizá me falte tiempo. Quizá mi amigo me está esperando. Quizá Dios está aguardando el momento para que yo le haga estas preguntas. Quizá Dios tenga más preguntas que para mí que yo mismo.

Este es el secreto mejor guardado de quien quiere conservar y descubrir su vocación: dejar que las respuestas que Dios hace sean respondidas en un diálogo de amor, entre Él y yo, entre el mundo y yo, entre los tres.

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