¿Hay algo debajo, detrás, por el fondo?


Voy comprendiendo las complejidades de la vida. Entresijos, recobecos, subterfugios, subsuelo, sub… sustancia. Desde Freud nos enseñan que por debajo del día a día existe algo llamado inconsciente, y lo normal es que hablemos mal de él. Por ser algo que está ahí, como oculto, lo cargamos de tintes negativos. Es lo que hay porque no queremos mostrarlo, porque no nos gusta, porque lo negamos, porque lo evitamos… y así sucesivamente una lista larga de razonamientos contra su existencia. En el fondo, hemos aprendido que si nuestro día a día es pesado y cansado y agotador y rutinario, mejor no enfrentarnos con lo que hay detrás.

Pues no. Me niego. No le quiero quitar del todo la razón, pero me parece insuficiente y una gran mentira si alguien cree que todo lo que pupula tras de sí en lo profundo es de este modo. Hoy he vivido algo especial que me ha hecho detenerme, pararme y descubrir. Alguien cercano se va lejos, a más de 5000 kilómetros, movido por “eso-que-está-debajo-en-el-día-a-día”. Una expresión larga y complicada (en alemán más), que llamo y llama y llamamos Dios, Jesucristo, vocación. Bonitas palabras para hablar de quién nos sostiene.

Claro. Lo que sí descubro es que en el día a día muchas veces no hay oportunidad de mostrarlo y enseñarlo. Se sabe que sostiene, que da sustancia, que enriquece y ennoblece cuanto se emprende con sencillez en lo cotidiano, pero no todos lo pueden percibir igual. Quizá alguno se pueda cuestionar por más de un detalle hecho con caridad, aunque lo normal es estar prisionero de lo que se ve, sin llegar a ese trasfondo.

¿Vivimos sin nuestra trastienda, sin nuestra sustancia? Creo que no. Bueno, a decir verdad, más bien lo contario. Sin la trastienda no se puede vivir nada; ni lo extraordinario, ni lo ordinario. E incluso me aventuro a decir que es más fácil vivir sin trastienda lo extraordinario que lo ordinario. Para que lo común, lo que todos pueden ver sin que pase desapercibido, sea hecho con amor, con paciencia, con sinceridad hace falta una grandísima trastienda. Mucho más amplia, infinitamente más poderosa, que el inconsciente freudiano. Alguien pensará que soy un inconsciente. Hoy me da por pensar que no soy romántico, sino radicalmente sincero. Tan radicalmente sincero que estas son las raíces que se incrustan en la vida misma, en la verdad misma, en la fidelidad misma sin ambages ni adornos. Lo normal no puede ser embellecido externamente, sólo internamente. Supongo que más de una pareja me dará la razón, que más de un grupo de amigos puede verificarlo, que más de un estudiante comprobará que su tarea académica necesita hábitos (que son raíces en el fondo y hacia lo profundo de la persona) y de idéntica manera el profesor con respecto a sus clases.

Mi respuesta no está del todo clara, la verdad. No tengo todo tan claro. Hoy me dejo llevar por lo que vivo. No todo es tan bonito. Hoy vivo con esperanza porque alguien mostró que es posible atravesar paso a paso la niebla sin perder el camino que se empezó, que también se puede confiar con miedos siempre que existan realidades que, desde abajo y desde lo pequeño, sostienen a la persona y al creyente. Lo que comenzó como pregunta, a medida que escribo, es para mí fe y esperanza. Dios vive en lo profundo del corazón de todos los hombres, algunos dan testimonio de ello. Dios vive más allá, más adentro de aquellos que mirándose a sí mismos se encuentran solos, tristes, desamparados y acallan sus deseos. Dios vive, como quiero decir, más cerca, de forma más real, más palpable y brillante que muchos rubíes extraordinarios.

Un saludo

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2 pensamientos en “¿Hay algo debajo, detrás, por el fondo?

  1. …ABRE LA TRASTIENDA…

    …en la trastienda, donde encontramos todos nuestros aparatejos, esos cacharros viejos, esos que incluso se fueron de nuestro olvido, donde todo lo nuestro está desordenado… ahí, es donde empezamos a ser, donde están las raíces de nuestra forma de actuar…
    …la trastienda es nuestra esencia, eso que tenemos en nuestro interior y que realmente es nuestra verdad, pues más allá no hay más y aunque de vez en cuando la intentemos ordenar o limpiar siempre será la misma y estará en el mismo lugar…
    …también hay trastiendas a la carta, esas que se intentan colocar sin demasiado éxito, pero que hacen que la grandísima trastienda de la que tu hablas no sea tan maravillosa porque cada uno busca la que más se acerca a su gusto y a sus comodidades, la trastienda aunque repleta de chismes debe ser sencilla…pues en la sencillez está lo extraordinario de lo ordinario…
    …el problema es que somos apariencia, solo mostramos nuestra fachada e incluso solo miramos la fachada del vecino ¿Quién se va a preocupar por la trastienda ajena si ni siquiera sabe como está la suya? ¿O alguien cuando viene visita enseña la trastienda? Deberíamos enseñar la trastienda e incluso visitarla nosotros de vez en cuando porque sería una fuente de enriquecimiento tanto para uno mismo como para los demás…

  2. Viviendo la fe en comunidad, también se vive la vida en comunidad. Es inseparable. Y en comunidad se abre la trastienda, sin duda… Y nos preocupamos de la trastienda ajena, sin duda…

    Abrazo fraterno

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