¿Llamado por alguien a algo?


Es la primera pregunta por la propia vocación. Los sentimientos de la primera vez son muchos: alegría junto a temor, tranquilidad acompañada de inquietud, valentía cruzada por la esperanza. Se agolpan los sueños y el futuro se dibuja feliz en la propia imaginación. Sin este inicio, sin esta pregunta, no existe ningún otro planteamiento posible. El inicio es bello, pero irreal. Lo asombroso es lo que queda por suceder, lo que todavía no ha ocurrido; lo increíble es la respuesta y la vida que despliega.

Me sentí llamado a algo hace tiempo. Es difícil explicar que Alguien (Dios) piensa en cada uno de forma particular, que mira nuestro interior contemplando algo que ni siquiera yo he visto. Es complicado comprobar cómo esto va sucediendo a ritmo de oración, a ritmo de diálogo con alguien.

Es hermoso ir conociendo otras historias similares. A mí me tocó, pero a otros también. Aunque es cosa de “todos” (así lo sueña Dios, así me alegraría a mí también), parece que ha quedado en cosa de “pocos”. Son “pocos” en el mundo los que disfrutan de una vida desde su vocación. Para mí es una de las grandes lacras de la sociedad moderna, que no permite preguntas así por miedo a las palabras y a lo que puedan desencadenar: ¿Llamado por alguien a algo?

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Un pensamiento en “¿Llamado por alguien a algo?

  1. ¿sabes lo que pasa? El problema radica en la importancia que le concedemos a las cosas.
    Si lo más importante en nuestra vida fuese buscar la felicidad de los demás y con ello la nuestra todos intentaríamos encontrar dónde nos sueña Dios.
    Pero parece que en el mundo en que vivimos lo más importante es beber hasta perder el control, tener bienes materiales, gozar de un maravilloso estatus social y ser famoso..(Aparentar. No por ser como eres sino por ser quien eres. Por ser alguien de renombre e ir ostentando por doquier lo que haces)…Por poner ejemplos.

    Tener, valer y poder.

    Parece que la gente posterga el “ser” todo lo que puede, y con ello logran evitar enfrentarse a sí mismos, dejarse hacer y así acaban por no vivir donde Dios les sueña. Porque no quieren escuchar.
    Aunque la sociedad tiene mucho que ver, porque intenta moldear personas que evitan pensar por sí mismos, personas que cada vez necesitan (con un afán egoista) más del resto para ser ellos mismos.
    Y a Dios le dejan de lado.

    Llamada por Dios a servir, ayudar, a enseñar (.. “ver en un niño un tesoro que hay que cuidar”).

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