Y si lo dejo para mañana… ¿qué pasa?


Andaba hoy ocupado en varias cosas. Las ideas se agolpan y quisiera llegar a todas, pero no puedo. Así de sencillo, así de triste, así de limitante. Soy limitadito en comparación con mis sueños y con mis proyectos. Me gustaría que entre lo que pienso y lo que quiero no existiese tanta diferencia. Me encuentro con dos problemas para que sea así: uno es la realidad, que tiene sus normas y que es difícil cambiar de golpe  y porrazo; otra es el tiempo, que tiene también sus ritmos y reglas, y fuera del cual nada puedo hacer, sólo soñar.

Pues nada, que entre tanto, tengo que pensar que sólo puedo hacer una cosa en cada momento, que sólo una realidad se puede abordar. Unos momentos son para estudiar y otros para los amigos, otros son para la reflexión y otros para las charlas, otros para la oración y otros para la acción. A mí me toca hoy esperar, dejar para mañana.

La cuestión no es, ahora que lo pienso, qué pasa si lo dejo para mañana. Quizá la pregunta más buena y sincera sea, por qué tengo que dejarlo para mañana. En unos casos porque ya no puedo más, en otros porque surge algo inesperado, y en otros porque he perdido mi tiempo y he desaprovechado el momento. Si son de la primera clase, mañana puede que salga y haga lo que tengo pensado. Si me acostumbro a los de la segunda, mañana no saldrá. Por eso se insiste en “no dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy”. Es “lo que puedas”, que si no puedes… pues nada, con aceptación y gozo por andar bien por el mundo y aprovechar el tiempo al máximo. Por aprovechar el tiempo al máximo entiendo que, cuando toca disfrutar de la amistad, hay que hacerlo, y lo contrario sería no ser ni serio con uno mismo, ni serio con los demás, ni haber comprendido que el tiempo es limitado.

Llega el momento del asombro y la razón por la que me pregunto esto. Hay una parábola en el NT, de labios de Jesús, que habla de unas doncellas que tenían que estar esperando a que alguien llegase. Yo creo que en la vida todos esperan algo, sin duda alguna; sólo que unos esperan en esto, otros en este sitio y otros tres metros más allá, pero todos esperan y aguardan algo. Cuando las doncellas se vieron en el momento de la recepción se dividieron en dos: unas con las tareas hechas, y otras con las tareas por hacer. Pero ya había llegado el momento de recibir. Fue demasiado tarde.

Creo que hay cosas que no pueden dejarse para mañana, y otras sí. Lo he aprendido con el paso del tiempo. Hay cosas fundamentales que no se pueden dejar para cuando sea mayor, para cuando esté casado o cuando tenga casa. Luego, será tarde. Lo mismo en la vida personal y espiritual, hay cosas que no llegarán después, pasado el momento. La vocación es una de ellas, no se puede dejar esperar. Lo he comprobado. En la amistad, tampoco. Lo he comprobado. En lo fundamental de la vida, como es el amor, la confianza, la generosidad… no se puede dejar para mañana y mientras vivir sin amor, sin confianza o fe, sin generosidad. Lo he comprobado. Lo importante de la vida, no puede esperar. Tiene siempre su hueco.


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