Preguntarse a sí mismo

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¿Qué es esperar?

Adelantarse a recibir, aguardar algo o a alguien, querer que llegue un momento o persona, prever que algo va a suceder, impedirse a sí mismo quedarse parado, compartir sueños, saber que alguien llegará, vigilar y atender, conocer mejor a alguien, superar adversidades…

Noviembre 30, 2008 Publicado por mambre | fe, jóvenes, personal, preguntas, profundidad, reflexiones, reflexión, sociedad, vida, vocación | , , , , , | 2 comentarios

¿Tanto, tanto?

Muchas opciones. Siempre muchas, y cada vez más. Vas a un centro comercial creyendo que vas a comprar “algo para quitar el frío del cuerpo” y tienes, en la misma sección unas veinte opciones. Todas parecen buenas. Todas magníficas.

Y vas a elegir carrera, tus estudios, elegir qué hacer con tu vida, y lo mismo: ¡cuánto donde elegir! La vida ha sido creada maravillosa, con multitud de opciones. ¿Cuál será la mejor?

Las opciones vocacionales son, sin embargo, algo atrevidas siempre. Nos dejan sin conformarnos. Miramos alrededor, vemos qué eligen los demás. Lo de “vivir vocacionalmente” no está de moda siempre, sobre todo cuando no te permite hacer cualquier cosa o elegir por elegir.

¿Por qué no poner todo bajo un único prisma? Sólo elegir tanto en cuanto me ayuda servir más al Señor. Impedir que me llene de cosas, sin más. No formar parte de la espiral de nuestra sociedad, porque sabemos bien que no todo vale igual, que no da lo mismo. No es elegir por elegir, ni dar pasos por darlos, ni porque toca… sino con un criterio fuerte: el Reino, la propia vocación, el sueño de mi vida, lo más maravilloso que soy y tengo. ¿Cómo elegir así?

Esta es la clave: optar tanto en cuanto. Y ser sincero. Porque en el “tanto en cuanto” encontraré a Dios y seré feliz, descubriré mi vocación. Estudiar “tanto en cuanto” me ayuda a vivir junto a Dios, pero si no me ayuda porque hay otra opción mejor, abandona. Dar tiempo a los demás “tanto en cuanto” me conduce a amar más y mejor, y elegir bien las personas que más me ayuda a amar. Descansar “tanto en cuanto”… ser libre, tener dinero, gastar, disfrutar de la vida… eligiendo siempre aquello que es mejor, “tanto en cuanto”.

¿Qué hay debajo de todo esto? Algo muy sencillo: Las cosas son en la medida que tienen algo con lo que las comparo y un fin. Si el fin de la persona es convertirse en uno más dentro de su sociedad, aquello que buscará sera lo que le ayude a esto. Si el fin es vocacional, vivir como cristiano… lo que haya a su alrededor tiene que estar a la altura. De lo contrario, empequeñecerá su propia llamada. ¿Para qué esto? ¿Para qué esto otro? ¿Por qué la música, por qué internet, por qué estudiar, por qué trabajar, por qué tener amigos, para qué ayudar a otros? Todo está en la medida que pongamos, en la altura del listón.

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Noviembre 26, 2008 Publicado por mambre | fe, jóvenes, personal, preguntas, profundidad, reflexiones, reflexión, sociedad, vida, vocación | , , , , , , , , , , , , | Aún no hay comentarios

¿Cuál es mi lugar en este mundo, que es nuestro?

Enseñamos, en la escuela, dónde vivimos. A los más pequeños y a los mayores, intentamos mostrarle qué lugar ocupamos en nuestra sociedad y qué hay alrededor. Lo hacemos con mapas, con gráficos, con estadísticas. Y al final de todo esto, ¿qué lugar ocupamos realmente? ?Aquel que otros deciden o el que hemos construido nosotros?

Dicho con humor, ¿cuál de las casas de los tres certidos es la nuetra?

Para nosotros, escolapios, la casa está puesta por Dios en medio de los más pequeños.

Es así, y es un lujo.

¿Cuál es nuestro lugar en el mundo? El cielo. Puede parecer romántico y estúpido, pero no es mentira. Este es el lugar en el mundo que se nos ha prometido: Donde estén los pequeños allí estará Dios con nosotros, el Dios encarnado, el Dios de la presencia constante, el Dios de lo más bello, el Dios de lo sencillo, el Dios de la ternura y la Plenitud de su Amor. Allí, poco a poco, vamos siendo “más que profesores”, alumnos del Maestro.

Tan romántico y bonito que provoca tensión y conflictos. Vivimos en el mundo, rodeados de las mismas cosas que todos, pero no nos conformamos. Aprendemos a no convertirnos en algo más, siendo especiales en el día a día. El escolapio es mirado por todos, por niños y mayores. Precisamente son los pequeños quienes llaman la atención de sus padres cuando él está.

Todo puede convertirse, para nosotros y para todos, en “bajo y terreno” (como habla la tradición) o en un pedazo de cielo. El otro día, el despacho donde trabajo habitualmente por las tardes, cerca de la puerta del colegio, se inundó de muchachos y preguntas. Unos vienen por la tarde porque no saben qué son las potencias ni qué hacer con ellas. Otros, simplemente para dialogar. A los primeros, los trato con cercanía para que aprendan rápido, con paciencia por mi parte. Con los segundos, abro mi corazón.

Fue una conversación especial. Se preguntaban por mi vocación, y qué era aquello de la obediencia. Uno decía una cosa, otro decía otra. He sido profesor de todos los que estaban. Después de un retiro, comenzó otra relación, algo distinto. Vinieron a los grupos y luego se quedaron. Siento que para ellos, he sido “colaborador de Dios”. No comprendían por qué vamos de un lugar para otro del mundo. Al final, dijeron: “Da igual. Siempre serás el mismo, siempre enseñarás, educarás, harás bien a otros. Serás tú.” Y esto es precisamente, éste es mi lugar en el mundo: no necesito un sitio, tengo mi propia vocación.

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Noviembre 26, 2008 Publicado por mambre | fe, jóvenes, personal, preguntas, profundidad, reflexiones, reflexión, sociedad, vida, vocación | , , , , , , , , , | Aún no hay comentarios

El tiempo, sobre eso, sobre el tiempo

La palabra tiempo es de lo más ambigua. Lo demuestra la vida misma. Tan pronto digo que se hace breve, como que es largo. ¿Qué es el tiempo?

A mis alumnos le explico que el tiempo es sencillamente una gran experiencia, que se inicia siendo muy pequeños, en concreto, cuando queremos revivir algo que ha sido estupendo o que queremos corregir. O, por el contrario, cuando tenemos que esperar algo que va a suceder. ¡Eso es el tiempo!

En una película encontré una frase genial: “La vida no se mide por las veces que respiro, sino por las que me quedo sin aliento“. Todos tenemos el mismo tiempo, los mismos minutos… pero parece que a unos les suceden más cosas que a otros, o que tienen tiempo para más, o que se toman la vida de forma diferente. Entonces, ¿qué quiere decir tiempo?

Cuando alguien nos pregunta por nuestra vida, no le respondemos tengo X años, X meses, X días, X horas, X minutos. Intentamos contarle lo más interesante, que es aquello que da sentido, cómo me encontré con Dios, qué estoy eligiendo para mí. No cuento los minutos cuando estoy con el amigo, paso el tiempo con él, que es entregárselo. Si cuentas los minutos, algo tienes que plantearte con tu vida.

El tiempo no es sólo el segundo. El tiempo es lo único que tengo para vivir. Y dentro de él no es que tenga que llenarlo de cosas y cosas, porque al final se convierte en vaciar mi vida, sino en saborear bien cuanto viene y cuantas oportunidades tengo. Algunos, quizá sea este el truco, por querer aprovechar el tiempo para sí mismos, terminan por dejarlo sin sentido y medio vacío. Aquí quizá tenga la clave.

Pero también existe otra parte importante: Ser consciente de que no volverá, seguro que ayuda. Tener claro, dicho de otra manera, que sólo se vive una vez. Como dice la canción.

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Noviembre 26, 2008 Publicado por mambre | fe, jóvenes, personal, preguntas, profundidad, reflexiones, reflexión, sociedad, vida, vocación | , , , , , | Aún no hay comentarios

Calasanz 2008

Gracias a todos los que creen en la educación, gracias a todos los que abren sus puertas, gracias a todos los que evangelizan por medio de las letras.

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Noviembre 23, 2008 Publicado por mambre | fe, jóvenes, personal, preguntas, profundidad, reflexiones, reflexión, sociedad, vida, vocación | , , , , , , , , , , , , , | Aún no hay comentarios

lineacalasanz

actualización de la web…

con una nueva sección dedicada a las preguntas de los más pequeños

Noviembre 17, 2008 Publicado por mambre | Uncategorized | | 1 comentario

¿Sueño o sueños?

Los sueños, sueños son. Los sueños que mueven la vida, requieren pasar tanto tiempo despierto, que al final también invitan al descanso sincero y relajado, que es el sueño que comúnmente llamamos “sueño”. Ese en el que se duerme, y donde se recupera lo vivido, pero de otra manera. No recuerdo mis sueños por la mañana, al despertar. Lo que recuerdo son los sueños que me mantienen despierto.

Buenas noches.

Noviembre 14, 2008 Publicado por mambre | fe, jóvenes, personal, preguntas, profundidad, reflexiones, reflexión, sociedad, vida, vocación | , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

¿El derecho al delirio? (Galeano)

El derecho al delirio

Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5114 de los mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuando nació.

El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera.

Una invitación al vuelo

Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.

La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio.

Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:

el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;

en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;

la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;

el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;

la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;

se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega;

en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;

los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;

los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;

los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;

los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;

la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;

la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;

nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;

el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;

la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;

nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;

los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;

los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;

la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;

la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;

la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;

una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;

en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;

la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;

la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;

serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;

los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;

seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;

la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.

Noviembre 13, 2008 Publicado por mambre | fe, jóvenes, personal, preguntas, profundidad, reflexiones, reflexión, sociedad, vida, vocación | , , , , , , , , , | 2 comentarios

¿Me cuentan cosas de ti?

No es que me cuenten o que me dejen de contar, sino aquello que yo quiero creer.

Salgo a la calle, me encuentro con un amigo. Poco tiempo después se pone a conversar sobre las cosas del pasado. De cómo jugábamos, de cómo reíamos, de qué hacíamos en los tiempos de ocio y en los momentos de tranquilidad. Incluso de los tiempos de estudio y trabajo, porque compartíamos mucho tiempo, casi demasiado. Yo me acordaba de él como si fuera ayer la última vez que nos encontrabámos. Aunque era evidente que no era así. Le veo con su hija y mujer. ¿No es cierto que ha pasado el tiempo?

Dos pasos más allá, cinco minutos después, llega corriendo Juan, que trabaja en la tienda del barrio, para preguntarme si era… Yo le digo que sí. Y comienza a contarme… ¿No te has enterado de…? ¿No sabes que él es…? ¿Nadie te ha dicho que…?

Juan es de esas personas que te llenan la cabeza. Después de hablar con él no sabes qué pensar. Es más, no sabes si se piensa o no. Sólo he recibido, y recibido, y recibido. Y ahora estoy saturado.

Esta situación no es tan real como para que me haya pasado con un amigo de la infancia o con un tendero de nombre Juan. No sé si tengo amigos de la infancia a los que hace tiempo que no veo y que tengan una hija. No sé si algún tendero de mi barrio viejo se llama o llamaba Juan. Lo que tengo claro es que esto, a grandes rasgos es demasiado real y cotidiano.

Señor. No dejes que sean otros los que me hablen de ti con palabras vanas. Quiero escuchar tu voz, conocerte en tu palabra. Disfrutar del encuentro contigo, como con mis amigos de la infancia y de ahora, como con mis alumnos aunque tú seas el Maestro. No dejes que entre en mí algo distinto a la confianza, al amor, al Espíritu. Quiero escucharte, porque escuchar es creer.

Noviembre 12, 2008 Publicado por mambre | fe, jóvenes, personal, preguntas, profundidad, reflexiones, reflexión, sociedad, vida, vocación | , , , , , , , , , , | Aún no hay comentarios

Amor quiero… ¿y no sacrificios?

Esto del amor, requiere mucho sacrificio. Tú mismo. Piénsalo un rato. Pero lo de AMAR… que no me cuenten milongas, pero requiere mucho sacrificio. Un sacrificio que es entrega, que es pasión, que también es encuentro. Pero sacrificio requiere.

Acabo de encontrarme por la calle con un alumno. Se llama JJ (qué más da su nombre concreto para este blog). Iba a entrenar. Son las 21,30h. Y no había parado por casa ni un minuto desde que salió esta mañana para su universidad. Ni un minuto. Pero le gusta lo que hace. Si le preguntamos qué está pasando con su vida, él dirá probablemente que nada extraño.

Esta mañana me he encontrado con otro alumno que salía de su casa, directo al colegio. Le he preguntado qué tal. Una de esas preguntas que no valen para mucho más que para iniciar una conversación. Y en tono poco agradable, quizá medio dormido o somnoliento, me ha dicho que un día más.

Entre el primero y el segundo, ¡qué diferencia! Eso, ¿qué diferencia hay? ¿Amor tal vez, amor por lo que haces?

El amor requiere sacrificio. La cuestión es qué hay primero en la vida, qué es lo más importante y qué es lo fundamental. Si lo haces por amor, te mueves de otra manera. Si lo haces sacrificándote, todo pesa, todo cuesta. Si lo que quieres es amar… cualquier cosa será algo más para conseguir lo que deseas. Si las miras son las de la amistad, por un amigo cualquier cosa.

¡Qué tristeza la de aquellos que sólo han descubierto el sacrificio de la vida y no pueden amarla de verdad!

Noviembre 12, 2008 Publicado por mambre | fe, jóvenes, personal, preguntas, profundidad, reflexiones, reflexión, sociedad, vida, vocación | , , , , , , , , , , , , , | 3 comentarios