¿Cómo darle publicidad a lo importante?
Me encantan los anuncios. No compro nada, o casi nada. Es verdad. Pero me encantan, la mayoría al menos, de los anuncios por su creatividad, por sus propuestas, por su atractivo, por su inquietud, por su capacidad para generar… por la música, por las imágenes… Casi todo menos por el producto.
Creo que tengo el mejor producto del mundo, que es mi vocación, y no sé cómo publicitarla. Así de sencillo. Algo falla.
Me parece que es la libertad. En los anuncios la intención es “condicionar” al máximo para que compres. En mi propuesta, y es lo que intento hacer, sabiendo que tengo el mejor producto del mundo intento dejar libres a las personas. Es más, mi primera intención es liberar, y hacerlo con preguntas.
¿Me estaré equivocando?
¿Por qué suceden ciertas cosas?
Mi mundo está plagado de acontecimientos. Diariamente me sorprendo de mis alumnos, con sus cosas, con su historia, con sus esfuerzos y también con sus desencantos. Son alumnos sencillos, quizá no sea más que eso lo que más valoro de ellos, su normalidad. Aunque también sé que tienen sus complejidades y complicaciones. Por lo que a mí respecta, me quedo un tanto perplejo sabiéndo, no sólo qué notas tienen, sino quiénes son, qué les ocurre, qué les ronda por la cabeza y, personalmente, en el corazón.
Hoy, una pequeña se ha puesto a llorar. Estaba tranquilamente en clase. Ni más ni menos. El tema era “del común”, de esos que se tratan con normalidad. Y la verdad, no sabía si era por mí, si era porque algo había ocurrido, si era porque estaba triste. Pero el caso es que se ha puesto a llorar. ¡Claro! ¿Qué sabe un profesor en ese momento? Básicamente, nada. Nada más que lo que sucede. Pero, enseguida comienzan las preguntas: ¿Y esto por qué? ¿Cómo puedo acercarme a ella? ¿Qué me dirá? ¿Podré decir algo más? ¿Será que simplemente tengo que escuchar? Yo soy de los que no pueden pasar. Imaginad la de problemas que esto trae consigo. Total. He intentado distraer al resto de alumnos, que quienes más quienes menos, sabían que algo sucedía. A mí se me ve en la cara. Les he dejado tarea. Ellos se han puesto sobre ellos. Y con la discrección que me he podido permitir, he sacado a esta persona de la clase, y le he preguntado.
¿Qué me sucede a mí en estos casos? Unas veces, presiento que es mi vocación más personal. Atender a mis alumnos, con lo que son, y son personas. Y estas cosas les pasan a las personas. Otras, con cierto pudor por ser sacerdote y estar acostumbrado que en la confesión “la gente se acerca sin tener que ir a buscarla y preguntarles”, me entra un pánico horrible al pensar que me estoy metiendo donde no me llaman.
En resumidas cuentas. ¿Por qué suceden ciertas cosas que entristecen a la gente? ¿Cómo acercarse con delicadeza, con humildad, con el respeto que exigen las circunstancias y la relación profesor-alumno?
Después de mi pequeña reflexión, lo único que tengo claro es que forma parte de mi vocación. Y, sinceramente, esta parte me gustaría que no existiese. Prefiero mil veces más tener que estar sonriendo, alegre, divertido, entusiasmado… y ver esas caras en mis alumnos. Lo único que falla en mis sueños es que estoy educando personas, y a las personas les suceden muchas cosas. También malas, aunque no solo. Y doy gracias a Dios porque Él me trata así, como una persona, al tiempo que me enseña a tratar con otras personas.
Un saludo.
25 de octubre de 2008
Actualización en
www.lineacalasanz.es
Artículos de la semana:
- EN PORTADA: Vivimos rodeados, en un mundo inmenso. Rodeados porque todo gira a nuestro alrededor. Todo lo creado es para nosotros, para que podamos disfrutarlo, para que nos ayude a conseguir nuestros fines. Las cosas, el tiempo, el espacio, las personas y tantos detalles de Dios. Todo es nuestro. (link)
- PALABRA, “COSAS”: Descubrimos el plástico. Fácil de formar, que casi vale para todo. Y se nos ocurrió la gran idea de empezar a crear cosas de usar y tirar. Primero las servilletas, después los cubiertos… como si todo fuera igual. Pasamos a otras cosas mayores como las bolsas de la compra, y dejamos de lado el carrito. Y luego incluso lentillas y artículos más complicados. Así sucesivamente. Las cosas son “para usarlas”, decíamos. Y es verdad. (link)
- RELATOS, “CREACIÓN”: Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas. Todo sin hacer. La luz, la tierra, el mar, los seres que en él viven, las estrellas, el mar… y el ser humano. Creados después de que todo estuviera completo y bien ordenado. Cada uno de los seres conocía su lugar, pero al ser humano lo creó libre. (link)
- PREGUNTAS: “¿MÁS Y MEJOR, SIEMPRE?”. Terminamos. Dentro de poco estará todo terminado. El profesor piensa que la tarea se acabará antes del fin de semana. Quien plancha en casa, cuando quedan sólo dos prendas, piensa que ya se terminó. Cuando estamos haciendo un trabajo con unos compañeros de clase, y sólo quedan remates… Todos pensando en el final. Y se acabó. (link)
- ACCIONES, “TANTO EN CUANTO”. Muchas opciones. Siempre muchas, y cada vez más. Vas a un centro comercial creyendo que vas a comprar “algo para quitar el frío del cuerpo” y tienes, en la misma sección unas veinte opciones. Todas parecen buenas. Todas magníficas. Y vas a elegir carrera, tus estudios, elegir qué hacer con tu vida, y lo mismo: ¡cuánto donde elegir! La vida ha sido creada maravillosa, con multitud de opciones. ¿Cuál será la mejor? (link)
- MOMENTOS, “LLAMADO A ALGO MUY GRANDE”. Un Señor que llama a sus siervos uno a uno, que los busca, dialoga con ellos. Un Señor que dedica tiempo a sus siervos, no es un señor de este mundo, es más que un amigo. A mí me explicaban así cómo era Dios cuando era niño. Pero lo comprendí de mayor. Y añadí mi propia frase: “Un Señor que me quiere tanto, sólo puede llamarme a algo grande.” (link)
¿Estamos divididos?
Hoy comentábamos en clase, con relativa ingenuidad, porque mis alumnos no son tan mayores como para estar embebidos de las opiniones formuladas de los mayores, que la sociedad imprime un carácter genuino en las personas, y que una sociedad posmoderna está altamente interesada en fomentar la “fragmentación, división, relativismo en la gente.”
Algo parece claro. Si me miro a mí mismo, me descubro siendo de distintas maneras según el ambiente o las personas que tengo delante. Lo contrario, es una “salida de tono” o una “pedantería”. En el mejor de los casos he aprendido a comportarme según las reglas sociales básicas establecidas. Es más, para una misma cuestión, tengo opiniones diferentes y variadas. O al menos en mi sociedad las encuentro, lo cual no significa que me las crea todas, o que todas sean igualmente válidas, o que todas me parezcan de la misma índole, o que no sepa distinguir entre ellas.
Retomo la pregunta. ¿Qué me ocurre? ¿Estoy dividido? ¿Vivo vidas distintas?
Quizá sea parte de la tarea humana y cristiana más actual: aprender a ser yo mismo, aprender a ser como Cristo en todos los lugares, aprender a descubrirme.
Creo que hay que diferenciar, para ser sinceros, entre contradicciones y convenciones sociales, y todo lo demás, que son un cúmulo de “justificaciones personales” o de “miedos vocacionales y cristianos”. Estamos llamados a ser genuinos, únicos, y reflejar una única imagen: la de Jesucristo.
¿Te rayas, me rayas?
Nota de inicio, no sea que en otros países la expresión no sea conocida. En España decimos “me rayo” cuando se le da muchas vueltas a las cosas, cuando se piensa, por así decirlo, “demasiado”. Para eso tenemos una expresión genial, semejante a “darle vueltas” o “quedarse anclado” que es “rayarse”. Al parecer, porque soy de otra generación, es lo que sucedía con los tocadiscos. Si se rayaban, estaban perdidos y volvían y volvían y volvían sobre lo mismo.
El límite para decir “me rayo” no está claro. Pensar las cosas y ser reflexivo, no es rayarse. Ser cargante y no poder dormir, quizá lo sea. Aunque hay cosas que quitan el sueño e incomodan. Y creo que he dado en el clavo del asunto.
Alguien que ”se raya” es incapaz de tomar decisiones. Bien porque, de suyo, es incapaz de tomar decisiones (visto lo visto, no hay que desechar ninguna opción), o bien porque no están a su alcance. Esto último es debidio a que el hombre no puede “hacerlo todo” pero sí “pensarlo todo”. La distancia entre pensar y hacer es tan grande que la limitación muchas veces es insoportable. Lo cual no significa que hacer y pensar estén separados. Y aquí voy. Este es el punto donde quería llegar.
Últimamente escucho con excesiva frecuencia esto de “rayarse”. Y me preguntaba si los jóvenes no están huyendo de la responsabilidad que exige su propia vida, que primero exige ser pensada. Muchas veces me repito, lo sé y soy consciente de ello en parte, pero si no se piensa alguien toma las decisiones que me corresponden.
Y al mismo tiempo que creo en lo anterior, también sé, por trato directo, que los jóvenes piensan. Son inteligentes; tanta evolución, por muy pesimista que se sea, sería estúpido que desapareciese de la faz de la tierra. Aquí está un nuevo filo para la reflexión personal y social. ¿No será que piensan con criterios poco asentados? ¿Que se juzga desde la “propia comodidad” y por lo tanto “pensar mucho” incomoda?
Mi conclusión, ya la conté antes en el otro post, es que los jóvenes necesitan ser despertados, descubrir la frontera que existe entre pensar y rayarse, entre orar y buscar soluciones, entre dejar todo para el último minuto y adelantarse a la vida que está por venir. Pero es mi conclusión: conocer las fronteras, sin rayarse, claro.
¿Sabes qué significa DAS?
Se llama así al Departamento de Acción Social.
En nuestra provincia, tiene una nueva web, desarrollada semana a semana.
www.escolapiostd.es/DAS
Creo que sus propuestas pueden ser iluminadoras para profesores, maestros, educadores.
¿Me despertaré? ¿Palo, Despertador, Palabra?
Hoy hemos tenido grupo con los jóvenes de 2º de Bachiller. Conociendo nuestra sociedad, me quedo alucinado con ellos. Son especiales. Tienen algo especial, que supera con mucho sus contradicciones y errores, sus caídas… Tienen algo especial y prefiero quedarcon con eso e intentar ayudarles cuando algo les suceda.
Dialogamos hoy sobre esto de “despertar”.
Lo habíamos planteado de forma cañera, agresiva… un tanto violenta e impactante. Los catequistas, somos tres en el grupo, les íbamos a decir que les veíamos dormidos, aniñados, como unos más en medio de una sociedad en la que no gustan los diferentes, que otros estaban tomando las decisiones por ellos como si fueran niños de teta o gatearan por la vida, que tenían todo por delante y no les veíamos con ilusión por comerse la vida… etc… etc… Así, todo en plan duro. Con malas palabras. Este era nuestro plan.
Ellos, escuchando todo esto, iban poniendo cara de circunstancia. En el fondo, algo de razón llevábamos y no se atrevían a hablar con facilidad. Les habíamos dejado KAO en el primer asalto. Sólo de vez en cuando alguien decía algo, medio justificándose, medio dándonos la razón…
Esto me empezaba a preocupar. Tuvimos que abrir una reflexión más pausada. Dar el siguiente paso. Para eso habíamos pensado en ponerles tres símbolos, que sin duda nos ayudan a despertar.
Uno de ellos era un palo. Porque a base de palos, se aprende. Nadie los quiere, cierto, pero parece que es común entre los mortales de vez en cuando recibir uno importante. Bien sea el jefe, bien sea un compañero, bien sea alguien en quien realmente he confiado… pufff, palo.
El segundo, más suave, era un despertador. Es también cierto que la vida lleva su ritmo y usa sus despertadores. Esto de despertar es progresivo, va por momentos. Despertamos a esta responsabilidad, luego a esta otra, y así sucesivamente. Poco a poco nos vamos dejando llevar, y si suena, suena. Si no suena el despertador de la responsabilidad, tenemos un problema. Si lo apagamos, otro más grande. Seguimos dormidos, aunque hemos sido avisados. E insisto, creo firmemente que la vida tiene su ritmo, que Dios lo hizo realmente bien, y que existe un despertador para el amor, para la compasión, para la entrega, para el sacrificio, para el trabajo, para la madurez… y muchas de estas cosas hacen felices a las personas. Si no creyera esto, pensaría que Dios es demasiado cruel con el hombre, que lo ha lanzado sin sentido en este mundo. Pero existe. Es cierto.
El tercero, que no voy a explicar, es su Palabra. Ni palos, ni “la vida por si misma”. Su Palabra. Él despierta al hombre, pero de otra manera.
Un saludo.
19 de octubre de 2008
www.lineacalasanz.es
Una nueva oportunidad para seguir buscando nuestra vocación.
12 de octubre de 2008
actualización de
www.lineacalasanz.es
La maravilla de la vida.
Palabras: Tiempo.
Relatos: Como busca la cierva corrientes de agua.
Preguntas: ¿A quién sirvo?
Acciones: Ante el espejo.
Momentos: Mis maestros, en la vida.
Nueva canción escolapia y, a disposición de quien lo quiera, el libro “El año con Calasanz”.
Un saludo.
¿Viendo una película?
Pues sí. Una de esas películas que ponen por las noches. Es día de descanso en Alcalá. Y aprovecho el tiempo para hacer más bien poco. Pero me aburre. Si te das cuenta, estar escribiendo al mismo tiempo que veo la película puede significar varias cosas: 1. Que no es una película muy buena y me aburre. 2. Que es la mejor opción de todas, y aún así es mala, por eso me aburre. 3. Que los días de descanso me siento inspirado.
Y es la última. Bingo. Has acertado. Estoy inspirado para escribir, para pensar… El descanso es lo que tiene. Provoca que la vida se frene, que se pare lo que habitualmente gira alrededor de las personas. Te detiene, y puedes mirar, hacer luz, clarificar, atender con especial cautela y cuidado. A mí al menos es lo que me sucede. Una y otra vez se produce lo mismo. Tantas veces como tengo tiempo de descanso, tantas veces como la vida se detiene, tantas veces como dejo de atender a las cosas que giran alrededor al momento para verlas con más cuidado… me siento inspirado.
Lo cual significa, que hay que buscar tiempo diario para este “descanso”, que muchas veces es oración y reflexión y búsqueda y preguntas y para escribir y para leer y para… nada más que lo importante. ¡Qué peligro! ¡Llenar y llenar la vida con cosas, con momento, con programaciones, con planificaciónes! ¡Qué peligro!
El hombre necesita tiempo en su cuarto, y saber cuidar de él. En la soledad, en la tranquilidad, en el silencio.
