¿En qué quedamos?
Una buena pregunta. ¿Te ha ocurrido alguna vez que, después de hablar con alguien durante un tiempo por una cuestión concreta, te quedas con cara de desconcierto pensando que te han dicho una cosa y su contraria al mismo tiempo sin inmutarse?
La frase del título me la repetía un maestro que tuve, ya en la universidad. Los diálogos que teníamos de vez en cuando siempre tenían el “en qué quedamos” típico de todos los diálogos. Incluso entre los jóvenes estudiantes de mi casa la tomábamos a broma. Además de decir “en qué quedamos”, este maestro tenía una forma especial de decirlo, como medio frustrado y remarcando que habíamos llegado a un punto en el que era difícil mantener y aclarar algo. Con la broma o sin la broma, creo que hoy le debo en parte esta sutil conciencia frente a la contradicción a aquellos diálogos y en especial a aquella frasecita constante y repetida.
A mí me sucede. No sé si es por deformación profesional, pero no lo comprendo. Intento ser lo más sincero que puedo, descubrir mis propias contradicciones personales y, en la medida de lo posible poner remedio, porque lo que es cierto es que no se puede con todas ni mucho menos.
Lo que no puedo aceptar del todo es que esto suceda como si nada. Y, de verdad que soy tolerante con las opiniones de los demás, pero no sé hasta qué punto puede ser esto tan tolerable.
Entre los jóvenes como yo es relativamente frecuente que lo hagamos casi sin darnos cuenta. No es por criticar sin más, como me explicaré, pero la inconsistencia de nuestros razonamientos y discursos es preocupante.
Pero comento. Lo que siento es que nos han hecho disfrutar tanto del presente, buscar tanto la satisfacción personal, que si algo no nos cuadra enseguida lo disfrazamos. Tenemos un arte especial para no llegar a este punto. Es cierto que hace la vida más fácil, pero a la larga creo que estas cuestiones, con sinceridad, se convierten en incómodas realmente.
No es que queramos ser así, es que… somos postmodernos. Aún así esto no es una escusa para nada, ni mucho menos. Más bien todo lo contrario. Es un aguijón para no permitirnos a nosotros mismos dormirnos sin más, o así al menos debería ser.
Un saludo.

…no lo entinendo!
…a que te refieres? a si pero no? a no pero si?
…en que quedamos…
no se si te refieres a los cambios de opinion sin convicción, a la falta de compromiso…a vivir sin cuestionarnos lo que hacemos…
un abrazo
Me refería a algo que parece constitutivo de nuestra forma de pensar: el presente. Sin memoria y casi sin pensar en las consecuencias, salvo que sean graves. Vamos avanzando por la vida en forma de presentes. Y eso hace que midamos las circunstancias por encima de nuestra vida en su conjunto.
Creo sinceramente que tiene su “fuerza”, la del carpe diem famoso, pero también sus lagunas.
Era una pregunta, como siempre, no una respuesta meramente. Cada uno que se cuestione a sí mismo. Lo bonito es seguir compartiendo preguntas y, ojalá, quizá algún diálogo con alguna aclaración que podamos recibir entre todos.