¿Epifanía?
Los cristianos durante la Navidad usan a diestro y siniestro una palabra: “Epifanía”. ¿Qué significa? ¿Por qué seguir usándola? ¿Qué quiere decir? ¿Es una palabra bonita sin contenido real? ¿Y esto con mi vida… qué tiene que ver? ¿Para qué quiero aprenderla?
Epifanía significa “revelar”, “mostrar”, “manifestar”… ¿Seguimos igual, sin saber qué quiere decir? Pongo un ejemplo: Cuando vamos a una casa nueva con invitados que no nos conocen, tenemos que dejar que sea el anfitrión quien nos presente; de la misma manera cuando vamos a dar una conferencia es el presidente quien hace “los honores”. En ambos casos suele suceder algo paradójico, al menos a mí me ocurre continuamente: Tengo la sensación de que quien está hablando de mí no está siendo sincero, sino que me está ensalzando, poniendo por las nubes, alabando en demasia, que subraya en definitiva con demasiada pasión lo mejor que hay en mí.
Dos cosas importantes de lo dicho: Hemos de dejar que los demás digan quiénes somos, nuestra identidad no es tanto lo que somos como lo que los demás ven, perciben y pueden decir (de aquí lo importante que es dar testimonio); Y, dos, si lo que mueve es el Amor lo más importante va a ser la otra persona, por encima de infinidad de realidades que tenemos en consideración como “lo peor de nosotros”, “lo menos amable”, “lo más triste”, “lo humillante” (estas historias no se pueden igualar, como nos ocurre en las presentaciones, con lo más sublime de nosotros mismos; en definitiva, lo que sentimos es que nos están quitando de encima, como se hace en el perdón, las máscaras que llevamos o la “mierda” -perdón- que la historia y nosotros mismos hemos echado encima de nuestro corazón).
Esto es Epifanía. Dejar que Dios cuente quién es Él mismo (y lo hace hablando de Jesucristo, porque en Jesucrito Dios se cuenta a sí mismo para los hombres y mujeres que sepan escuchar con fe) y dejar también, cueste lo que cueste, que sea Dios quien narre quiénes somos los hombres y mujeres y, muy importante, cada hombre y cada mujer.
De Dios escucharemos algo similar a “Eres mi Hijo Amado, en quien me complazco.” Cuando dejamos que Dios nos cuente, encontramos al mismo tiempo nuestra vocación.
Aún no hay comentarios.
