¿Adoradores?
Pasados de moda, románticos innecesarios, melosos y pegajosos, insoportables lapas pelotas y trepadoras.
No. Adorar es otra cosa. Adorar es una maravilla. Adorar es besar, es cercanía, es amor, es reconocimiento, es compartir vida y entregarla en gestos cotidianos. Me vuelvo romántico en estas fechas donde encuentro que la gente “se da” (regalos) mutuamente. Pongo entre paréntesis (regalos) porque de fondo subyace la necesidad de entregarse al otro, ese deseo siempre vivo de querer compartir hasta el final y de ser en definitivamente una única historia con el amigo, con el conocido, con el otro. Insufrible separación la que nos lleva a entregar cosas, a perdernos en lo material que rebaja el espíritu de la donación y la entrega.
Yo encuentro una alusión muy bella a este nuevo paso que la última Cena nos indica con la diferente acepción de la palabra “adoración” en griego y en latín. La palabra griega es proskynesis. Significa el gesto de sumisión, el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, cuya norma aceptamos seguir. Significa que la libertad no quiere decir gozar de la vida, considerarse absolutamente autónomo, sino orientarse según la medida de la verdad y del bien, para llegar a ser, de esta manera, nosotros mismos, verdaderos y buenos. Este gesto es necesario, aun cuando nuestra ansia de libertad se resiste, en un primer momento, a esta perspectiva. Hacerla completamente nuestra sólo será posible en el segundo paso que nos presenta la última Cena. La palabra latina para adoración es ad-oratio, contacto boca a boca, beso, abrazo y, por tanto, en resumen, amor. La sumisión se hace unión, porque aquel al cual nos sometemos es Amor. Así la sumisión adquiere sentido, porque no nos impone cosas extrañas, sino que nos libera desde lo más íntimo de nuestro ser.
No es mío. Lo escuché en su momento y me quedé patidifuso, estupefacto, sorprendido y henchido del misterio de la adoración que tantas veces había usado.
El otro día una persona me dijo algo que me extrañó. Decía que había personas demasiado espirituales. Yo le comenté, y lo mantengo, que es necesario un corazón fuerte y una vida intensa para superar adversidades y ser radical. No es cuestión de estar todos los momentos del día con los ojos cerrados, en oración profunda. No es eso. Pero cerrarlos intensamente, abrirse al misterio, dilatar la existencia con profundidad, darle el contenido que se merece en cada pequeño acto, gesto, detalle, letra y párrafo…. eso sí es necesario. Es necesario postrarse ante la vida, inclinarse ante ella, reconocer su maravilla, quedarse prendado y apasionado de su magnitud y magnanimidad, de su realidad desvelada y revelada, dejar que otros nos cuenten qué significa, qué implica, qué conlleva, qué sugiere, qué deseos perviven y cuáles mueren…
Sí. Adoradores. Hoy. Románticos. Hoy. Profundos. Hoy. Intensos. Hoy. Implicados. Hoy. Soñadores. Hoy. Entregados. Hoy. Donados. Hoy. Generosos. Hoy. Sufrientes. Hoy. Admirados. Hoy.
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