¿Quién soy?


Esta pregunta es más frecuente que la formulada en segunda persona: ¿Quién eres? Me atrevo a decir que es más frecuente porque trabajo con adolescentes, que están todo el día, lo quieran o no, preguntándose esto. Luego, si sumásemos todas las veces que ellos se preguntan y que nosotros nos hemos preguntado (ya que soy adulto y superé ese momento de la vida) quedaría una cifra enorme.

Además, sumo a esa cantidad, cada uno de nuestros actos, de nuestros pasos y de nuestras opciones. Dar un paso en la vida supone responder esa pregunta. Me explico, porque creo que incluso yo me he perdido en mi razonamiento. He dado por supuesto que nunca sabemos totalmente quiénes somos; es estúpido decir en algún momento de nuestra vida que sé absolutamente quién soy teniendo por delante camino. Continúo explicándome. Aún en el caso de que haya sido totalmente coherente con aquello que digo ser durante años y años de mi vida, siempre tengo la posibilidad, al instante, de tirarlo todo por la borda. Quien se ha dicho mil veces que es un buen estudiante, puede dejar de estudiar. Y quien se ha hartado de escuchar y decirse a sí mismo que es un mal estudiante, también puede cambiarlo en un momento dado de su vida. Quizá las circunstancias sean muy importantes para poder respondernos. El casado se ha dicho durante años y años que es casado, pero si da un paso en falso fuera de su matrimonio, ya no lo tendrá igual de claro. Y a la inversa se podría plantear la cuestión. Cualquiera que se atreva a decir que es valiente, puede sentir miedo; y le podríamos dar la vuelta a la cuestión. Luego llego a la conclusión de que en cada momento de la vida se responde a esta pregunta. Cada acto es afirmación de lo que creo y quiero ser, de lo que he descubierto de mí mismo, o puede también ser lo contrario.

¿Mi vocación? La vocación de cualquiera, esa llamada profunda en el interior del corazón que empuja con fuerza a salir, a mostrarse, a liberarse del silencio de los sentimientos y de las ideas para concretarse “rodeado de otros”, en un espacio donde los otros puedan confirmarla, compartirla, vivirla… esa vocación es una respuesta a la pregunta sobre mí mismo, a la pregunta “¿Quién soy?” Pero no lo es todo. No es una palabra que se ha pronunciado en un momento, sino una palabra que tiende a desarrollarse, a dilatarse, a espandirse. Cuando en el rito de la ordenación sacerdotal escuché “vive lo que celebras”, comprendí que la celebración en la que estaba inmerso, con toda su fuerza y expresividad, es sólo un momento más en el largo camino en el que tengo que responderme a mí y a los demás la pregunta sobre la que hoy hablo. Es cuestión de cada segundo, de cada minuto, de cada instante de una vida dedicada y entregada a esta pregunta.

Y también es cierto, no puedo callármelo, que en la medida en la que aprendo a responderme con paciencia, a aguardar a la vida y a no adelantarme, también en ese momento estoy contestando otras dos preguntas fabulosas: “¿Quiénes son los otros, las personas, la persona y lo más humano?” y “¿Quién es El más excelso del mundo, Aquel que no puede negarse a sí mismo, Aquel que se conoce; quién es Dios, quién es Jesucristo?”

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2 pensamientos en “¿Quién soy?

  1. Buenas! cuando tengo un momento me gusta pasar por aquí y seguir conociéndote un poco mejor. Ánimo en tu (nuestra) lucha por ser. De tu pregunta “quién soy” me quedo con el verbo. Un abrazo.

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